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12/6/13

7 RAZONES PARA NO USAR EL MICROONDAS Y DESTERRARLO DE LA COCINA



Aunque la versión oficial sigue manteniendo que es seguro (también lo decían del Teflón ysu uso estará prohibido en el 2015 cuando ya se ha demostrado que es cancerígeno), desde su introducción en las cocinas han existido voces científicas disidentes alertando de que invertir la forma de calentar los alimentos tenía consecuencias.

El horno microondas es la técnica de cocción más invasiva de la historia y totalmente inversa a lo tradicional. El fuego, el gas, la electricidad o la vitrocerámica calientan un recipiente y éste al alimento, pero el microondas actúa directamente sobre el producto mediante ondas electromagnéticas que hacen vibrar a gran velocidad las moléculas, chocando unas contra otras y creando calor mediante fricción.


Como muestra el esquema superior sobre la pérdida de nutrientes según el método de cocción, el microondas arrasa practicamente con todo, como un incendio, a diferencia de cocer al vapor que es la mejor forma de aprovechar las vitaminas y minerales de los alimentos.

Aunque la versión oficial sigue manteniendo que es seguro (también lo decían del Teflón y su uso estará prohibido en el 2015 cuando ya se ha demostrado que es cancerígeno), desde su introducción en las cocinas han existido voces científicas disidentes alertando de que invertir la forma de calentar los alimentos tenía consecuencias.

El horno microondas es la técnica de cocción más invasiva de la historia y totalmente inversa a lo tradicional. El fuego, el gas, la electricidad o la vitrocerámica calientan un recipiente y éste al alimento, pero el microondas actúa directamente sobre el producto mediante ondas electromagnéticas que hacen vibrar a gran velocidad las moléculas, chocando unas contra otras y creando calor mediante fricción.

Aun con poca repercusión mediática, todas las líneas de alimentación sana y natural coinciden en rechazar el uso de microondas al no compensar los minutos que nos ahorramos de tiempo con la destrucción que genera en los alimentos y en la salud.

Estos son 7 motivos para no usar el microondas y desterrarlo de la cocina y abajo las explicaciones de las expertas Dra Odile Fernández autora de”Alimentación anticáncer“, Montse Bradford y la bioquímicaOlga Cuevas.


¿Realmente merece la pena?
Se destruyen las enzimas y parte de los nutrientes, como los antioxidantes, hasta en un 75% (ver estudios abajo). Las ondas electromagnéticas hacen vibrar las moléculas de agua de los alimentos motivando una fricción que genera calor, de dentro a fuera. Y esto altera la estructura química de los alimentos
Aumentan los radicales libres que son cancerígenos e inmunosupresores
El consumo de alimentados calentados/cocinados en microondas debilita el sistema inmunológico y está relacionado con diferentes enfermedades
Las paredes celulares de las verduras al microondas aparecen totalmente desgarradas vistas al microscopio (ver imagen inferior)
Generan radiación electromagnética
Además de los citados efectos a nivel físico-químico, a nivel energético desvitalizan los alimentos
Por último, ocupan un espacio importante en la cocina que podríamos usar para algo más sano.


(Fuente)

Por la Dra. Odile Fernández en “Alimentación anticáncer” (2012)
Las ondas emitidas por un microondas son ondas electromagnéticas que hacen vibrar a gran velocidad las moléculas, chocando unas moléculas contra otras y creando calor mediante fricción. El calor producido no es homogéneo, esto podemos observarlo fácilmente al preparar un alimento con este artilugio. Normalmente quema la superficie y el resto del alimento está frio. Con el uso del microondas alteramos las moléculas del alimento y lo cargamos de radiación electromagnética, y esto creo que no es muy natural, ¿no crees?

La cantidad y calidad de las vitaminas y fitonutrientes presentes en los alimentos disminuye significativamente si cocinamos en microondas respecto a otros métodos de cocción menos agresivos. En un estudio realizado en España compararon la cantidad de vitamina C y glucosinolatos presentes en el brócoli antes y después de someterlo a distintos métodos de cocción. Cuando se cocinaba en microondas la cantidad de vitamina C disminuía en un 40 %, y la cantidad de glucosinolatos en un 74 %, sin embargo al cocinarlos al vapor mantenía casi las mismas propiedades que crudo.

Si a pesar de todo usamos el microondas debemos tener la precaución de no calentar nada en plásticos. Al calentar los alimentos dentro de un recipiente plástico se libera un potente cancerígeno, bisfenol A, que penetra en el alimento y va directamente a nuestra sangre al ingerirlo.



Por Montse Bradford en “La nueva cocina energética” (1999)
A diferencia del horno de gas convencional, que calienta un recipiente y éste al alimento; el horno microondas calienta el alimento emitiendo ondas electromagnéticas (las ondas atraviesan los recipientes). El impacto de dichas ondas sobre las moléculas de agua contenidas en los alimentos, las hace vibrar motivando una fricción que genera calor.

El horno de microondas cocina de forma inversa al tradicional. Mientras que cocinando con los métodos conocidos hasta ahora, los alimentos se hacen de fuera a dentro, el horno microondas realiza la misma operación de dentro a fuera. En otras palabras, los alimentos, bajo el impacto de las ondas electromagnéticas, se suelen cocer primero en su interior y, luego, el calor se transmite a la superficie.

El doctor en biología Andreas Kuhne rebate la afirmación de que la técnica de microondas no altera negativamente la estructura química de los alimentos y conserva las vitaminas. Por ejemplo,el ácido fólico, vitamina del grupo B básica para la formación de la sangre e importante para el sistema inmunitario y el crecimiento, desaparece cinco veces más rápidamente en los alimentos tratados con microondas. También existen pérdidas considerables de las vitaminas B1, B6 y C.

El campo electromagnético que forman las ondas microondas puede alterar la estructura proteica de los alimentos de forma mucho más intensa que los métodos de cocción tradicionales.

Las paredes celulares de las verduras cocinadas con microondas, aparecen totalmente desgarradas vistas al microscopio. El efecto de los campos electromagnéticos sobre la salud humana se halla muy poco estudiado. Cualquier fuga supone una exposición muy superior a la que nos tiene acostumbrados la naturaleza.

El mismo doctor Kuhne ha apuntado la probabilidad de que los efectos de la exposición sean los causantes de los actuales mareos, las jaquecas, el cansancio y el debilitamiento de los sistemas inmunitario y nervioso central.

Todos estos datos que hemos seleccionado proceden de los primeros estudios serios realizados para conocer los efectos del uso del horno microondas. En vista de los resultados, cabría preguntarse: ¿vale la pena correr tantos riesgos? ¿Por qué no seguir con métodos más naturales y sanos, como la cocina de gas?
Por Olga Cuevas en “El equilibrio a través de la alimentación” (2006)
Los hornos microondas emiten unas ondas electromagnéticas con una frecuencia de 2.450 MHz que ocasionan una agitación de las moléculas de agua del alimento a una velocidad tal, que el rozamiento de unas contra otras liberan calor que se propaga a toda la masa del alimento. Cuanto más agua tenga el alimento, más rápidamente se calienta.

En la materia natural de los alimentos, las moléculas que la constituyen se sitúan en un orden determinado que le confieren su carácter vital; estas frecuencias a las que se somete el alimento desorganizan sus constituyentes. Este efecto “desvitalizante” del alimento apenas se observa en personas sanas, pero debilita a las enfermas, sobre todo a aquellas con enfermedades degenerativas y crónicas.

Es muy probable que en los alimentos cocinados en los hornos microondas, se forme una gran cantidad de radicales libres.

Y para no tener tentaciones, una lectora, que aún no ha sacado el microondas de casa por desacuerdos al respecto con el marido, evita así la tentación de la rapidez…


Info sobre las consecuencias del uso del microondas
Estudios de pérdida de nutrientes
Dra. Lita Lee: Health Effects of Microwave Radiation-Microwave Ovens
Anthony Wayne y Lawrence Newel: Radiation Ovens. The Proven Dangers of Microwavescastellano
Daniel Reid

23/4/13

COMER COMO DIOS, O COMO BUDA


Comer como Buda
Cómo aplicar los principios budistas a la alimentación.


Comer como Dios, o como Buda, no depende sólo de lo que pones en tu mesa. La buena comida no es sólo lo que preparas en tu cocina y tiene más que ver con la percepción de tu mente que con los productos que digieres en sí. Ya lo dijo el Buda, "todo es una percepción de la mente", el sueño soñado de Calderón.

En este artículo vamos a tratar precisamente de esto, de la actitud ante la comida, en este caso de los preceptos budistas aplicados a la alimentación. Y es que ya se sabe que el budismo es un cajón de sastre equipado de herramientas de múltiples usos. No sería válido si no fuera así.

En el caso de la alimentación, una correcta aplicación de las cuatro nobles verdades y el óctuple sendero (los cimientos sobre los que se alza la práctica budista en su totalidad) puede ser de utilidad para todas las alteraciones relativas al tema, desde el exceso de peso, la bulimia, deficiencias nutritivas, etc. etc.



I. La importancia del "camino medio".

El camino medio que propone el budismo nos señala el equilibrio entre el exceso (la publicidad, los alimentos que nos venden por sus regalos, los supermenús, los superplatos de carnes y pescados, las comidas hiperproteínicas e hipercalóricas, comer en el cine, comer frente al televisor, quedar para comer, comer, comer...) y las privaciones de los ayunos y las dietas light (incluido el alto consumo en programas para perder peso, libros, cintas y tratamientos).

Es importante escuchar al cuerpo y ser consciente de cuándo tienes hambre, qué nutrientes necesitas en cada momento y en qué medida. Lo ideal sería no comer sólo porque el reloj lo dice o lo dictan las circunstancias. Sin embargo, si ha de ser así, si sólo tienes un rato para comer, aunque no tengas hambre, y luego no habrá manera, elige algo frugal, con mucha agua y fibra, como frutas y verduras. Por el contrario, cuando el estómago te pide tomar algo entre comidas (cuando no hay tiempo disponible), o necesitas energía, recurre a los panes, cereales integrales y frutos secos como tentempié. Te darán la energía que necesitas y acallarán los ácidos sin producirte una mayor acidez y sensación (engañosa) de hambre -que producirían las frutas, por ejemplo.

No te saltes las comidas, no pases hambre pensando en adelgazar porque producirías el efecto contrario. La ansiedad y el hambre reprimida te hará comer más de lo que necesitas cuando te sientes a la mesa, con los consiguientes empachos posteriores, exceso de peso y acumulación innecesaria de toxinas.
Come despacio, saboreando lo que ingieres, y descansa cuando consideres que ya has saciado tu hambre. Recuerda que tu cerebro tarda unos 20 minutos en detectar esa saciedad, y cometerías un error pasándote todo ese tiempo engullendo lo que ya no necesitas.


No te trates como un cubo de basura, acabando los platos para no tirar o consumiendo los productos de la nevera antes de que se estropeen (eso va por nosotras, mamás). Aquel viejo eslogan de que lo que no mata engorda estaba equivocado: lo que no mata de golpe, puede matar despacio. Si no vives en medio de una guerra o en un país devastado y pobre, no necesitas acumular reservas. Y todo lo que no necesita tu cuerpo aquí y ahora puede volverse contra ti. No te pases ni le escatimes a tu cuerpo los nutrientes que necesita. Respétate: elige el camino del medio.


II. Las cuatro nobles verdades.

1. El sufrimiento existe.

La comida como sufrimiento: enfermedades causadas por la mala alimentación; afecciones por exceso (sobrealimentación) o por defecto (deficiencias nutritivas); el sentimiento de culpabilidad tras una comida equivocada, impotencia ante las tentaciones... Es importante saber dilucidar cuánto de este sufrimiento es inevitable y cuánto depende de ti.

Tal vez puedas hacer poco contra las toxinas, productos químicos y modificaciones genéticas que lleva a cabo la industria de la alimentación, pero siempre estará en tu mano elegir los productos menos nocivos, los más naturales, locales y de temporada. Evitarás muchas molestias, enfermedades y sufrimiento en general.

El sufrimiento existe en el mero hecho de la elección en sí; la toma de decisiones siempre implica un estrés. Pero informarnos bien y hacerse el firme propósito de descartar de nuestra rutina alimentaria los productos más nocivos, nos ayudará a vivir mejor y esdtablecer pautas de conducta que nos evitará tener que plantearnos continuamente un buen número de decisiones.

2. El apego al deseo como causa de sufrimiento.

Definir los apegos o deseos culinarios que causan sufrimiento. Definir la ansiedad o espíritu hambriento (nunca es suficiente, por lo que no hay placer sino más sufrimiento). Tú y tu deseo no sois lo mismo. Los deseos pueden desaparecer tan pronto como llegan.

Define y haz una lista de tus mayores tentaciones: los dulces, el café, el alcohol, los embutidos o snacks salados, el chocolate, los helados... Quizás puedas descubrir por qué sientes esa atracción tan fuerte hacia un producto en particular; asociación con situaciones, por ejemplo, o bien la necesidad de tu organismo por más azúcar, energía, proteínas o lo que sea.

Tus deseos, el espíritu hambriento que nunca se sacia, y tú no sois lo mismo. Si es una compañía que no te aporta nada bueno, puedes apartarla de tu vida con las adecuadas estrategias.


3. El sufrimiento cesa al liberarte del deseo.

Observa los hábitos y deseos que te resistes a abandonar; la consecuencias que produce en ti, ¿son beneficiosas? ¿te hacen feliz?; observa con atención tu relación con el apego (qué hace que vuelvas a consumir dulces y helados o comidas hipercalóricas). Resuelve las situaciones internas (rabia, ansiedad, impotencia) y cambia las condiciones que te inducen a esa inercia perjudicial.

Una vez eres consciente de ciertos apegos nocivos en tu vida puedes introducir sustituciones por productos más sanos que cubran tu necesidad. Si requieres energía o azúcar, los cereales integrales (palitos de pan integral o galletas sin aditivos químicos, p.e.), frutos secos, patatas o boniatos pueden ayudarte según la situación. Si requieres proteínas, puedes añadir más soja en sus mútiples formas, o legumbres y cereales debidamente combinados (lentejas con arroz, p.e.), y dejar de llenar la nevera con carnes grasas y embutidos.


Además, muchas veces los aparentes deseos culinarios no son más que tapaderas de otros deseos emocionales o estados de ánimo, como la rabia, ansiedad, frustración. Si es así, define esas emociones y afróntalas cara a cara, dejando la comida a un lado. No tiene nada que ver con ella, no la metas en esto.

Define los apegos, revisa las viejas rutinas/acuerdos y establece sustitutos/nuevos acuerdos más beneficiones para ti.

4. Existe un método para la cesación del sufrimiento: el Óctuple Sendero.

No tienes que inventar la estrategia ni el método para librarte de los deseos nocivos y el sufrimiento que comportan. Puedes hacerlo si quieres y te ves capaz, y te funciona. Pero en cualquier caso, te vendrá bien saber que el budismo diseñó su propuesta particular con el nombre de "el noble óctuple sendero".


III. El Noble Óctuple Sendero.


1. La comprensión correcta.
Define qué es malo para ti y qué te beneficia. Haz una lista de alimentos, situaciones y actitudes recomendables y perjudiciales en tu alimentación.

2. La aspiración correcta.
Define y visualiza quién quieres ser física y emocionalmente; tu estado de salud; el tipo de vida activa o sedentaria que quieres llevar. Visualiza y programa quién quieres ser.

3. El habla correcta. (El poder de la palabra: magia blanca/magia negra).
No hables mal de nadie durante la comida (ni antes ni después, a ser posible); abstente de criticar la forma de comer de las/os demás comensales (come mucho, poco, mal...); los errores de la cocinera o las preferencias y rechazos de otras personas. Las palabras también se digieren.




4. La acción correcta.
Considera lo que comes y cómo lo comes como parte de la red universal de interrelaciones. Evita el despilfarro; recicla los sobrantes; protege los nutrientes (no abuses de altas temperaturas, fritos y asados de fuego directo; no tires el agua de las verduras; no quemes los alimentos convirtiéndolos en toxinas); apoya la agricultura local; respeta la vida en todas sus formas y agradece el regalo de la energía que consumes para convertirse en parte de ti.

5. El modo de vida correcto.
No matar (las emociones a través de la comida; los nutrientes que pueden seguir produciendo energía dentro de ti); no robar (consumiendo más comida de la que necesitas) y no abusar de la comida como si fuera una droga para embotarte o escapar de otras emociones.




6. El esfuerzo correcto.
Ni demasiado (la obsesión) ni demasiado poco (la comida rápida). Evitar la actividad incesante; emplear demasiado tiempo o demasiado poco en comer, cocinar, comprar. Cuando se come, se come, y luego se pasa a otra cosa (no comemos mientras vemos la tele, escribimos, trabajamos, jugamos a las cartas, pasaeamos o conducimos). Cada cosa a su tiempo.

7. La atención correcta.
Comer/vivir aquí, ahora. Cuando compras, cocinas, te sientas a la mesa, friegas los platos.

8. La concentración correcta.
La capacidad de la atención plena: cuándo tienes hambre, cuándo no; qué nutrientes está necesitando tu cuerpo en cada momento y cuáles no -sin equívocas intromisiones del deseo.


Resumiendo, recuerda siempre que cómo comes no es más que un reflejo de cómo vives. Quién eres -o cómo eres- se manifiesta en todo lo que haces. Evidentemente, nadie es perfecto, y ni tú ni yo ni nadie somos Dios ni vamos a vivir/comer como dios, pero sí podemos vivir/disfrutar en el empeño. Vivir/comer con atención, con la consciencia de que lo que comemos pasará a formar parte nuestra (como lo que vivimos, nuestras experiencias, pasan a formar parte de nuestra vida y de nuestro ser). Con agradecimiento por el regalo que el planeta y el trabajo de otras personas nos ofrecen. Con generosidad hacia nuestro propio organismo o hacia el de otras personas, cuando nos toca cocinar. Eliminando los venenos y toxinas siempre que esté en nuestra mano. Con placer y tiempo, degustando cada bocado y evitando el despilfarro, el desaprovechar las experiencias, por muy cotidianas y repetidas que nos parezcan -cada instante de nuestra vida es único e irrepetible.

En definitiva, estableciendo unos hábitos correctos.

Y a comer/vivir como Buda.

Buen provecho!








24/3/13

30 CONSEJOS PARA REVOLUCIONAR TU COCINA



¿Cocina y revolución son palabras compatibles? Solemos creer que los cambios sociales se gestan en las mesas de negociaciones, campos de batalla u ocupando las calles, pero también, y fundamentalmente, es desde nuestros hogares donde se mejora el mundo.

El 17 de mayo 2013 es el día en que más de 600 ciudades de distintos continentes celebrarán el Día de la Revolución de la Comida (Food Revolution Day) al grito de ¡PODEMOS COMER MEJOR! y con una mano alzada con una cuchara. Está iniciativa está apoyada por cientos de chefs (como Jamie Oliver), profesionales de la nutrición, escuelas, organismos oficiales y personas anónimas que pretender alertar sobre que cada vez comemos peor y sus consecuencias, concienciar e informar sobre los alimentos sanos y recordarnos que los consumidores tenemos el poder de mejorar nuestra salud y hacer que la industria alimentaria cambie.

Cocinar casero es hoy en día un acto revolucionario en si mismo e implica una autogestión de nuestra salud y, además, si elegimos bien los alimentos, también estamos apostando por la soberanía alimentaria, la economía sostenible, el comercio justo y el desarrollo de nuestros territorios. Todo desde nuestros fogones.

Y conscientes de que en la actualidad en las familias los dos miembros suelen trabajar fuera de casa, que cada vez se cocina menos, se compran más alimentos procesados y que los niños apenas aprender a cocinar de sus padres, los organizadores de este proyecto han creado una guía con 30 consejos para hacer la revolución de la comida en nuestros hogares (PDF en inglés) con el deseo de unir a las familias a través de la alimentación (sentarse a la mesa unidos), mejorar los conocimientos sobre salud y prevención, y aumentar la esperanza de vida.

¿Quién hubiese dicho que una cuchara de madera iba a hacer tanto por nosotros y por el mundo? Estos son los 30 consejos para revolucionar tu cocina (traducción libre y ampliada):



1. Adiós a los viejos hábitos y bienvenidos los nuevos
Reunirse los miembros del hogar y hablar sobre la salud familiar, estilo de vida y hábitos alimenticios actuales. Se trata de reflexionar y consensuar entre todos los cambios a introducir para tener una dieta más saludable. Hacer una lista con las metas y dejarla en un lugar visible.

2. Nunca es demasiado tarde para aprender a cocinar más sano e implicar a toda la familia en ello
Con tantos libros, blogs gastronómicos, clases presenciales y vídeos, ya no hay excusas para solo saber freír un huevo. Con voluntad, no habrá receta que se resista. Y todos en casa pueden ayudar en alguna tarea, desde planificar el menú, comprar alimentos, preparar, conservar, cultivar…

3. Prediquemos con el ejemplo
“Haz lo que yo digo pero no hagas lo que yo hago”. Los niños aprenden observando a sus padres y familiares por lo que para implantar hábitos sanos en el hogar, hay que empezar por predicar con el ejemplo. Los padres son los primeros que deben comer con placer muchas frutas y verduras.

4. Cocinar productos frescos: de la huerta al plato
Es más barato, sabemos exactamente lo que lo que estamos comiendo y se puede controlar mejor los ingredientes y tamaños de las porciones que comemos.

5. Reinterpretar los platos preferidos de la familia
Ya sabemos lo que gusta en casa y se puede empezar con un “cambio de imagen” añadiendo frutas y verduras. Invitemos a los niños a participar en la cocina explicándoles porqué las nuevas versiones caseras de sus comidas favoritas son mejores que las compradas hechas.

6. Probar cosas nuevas
Existen más frutas que la manzana y el plátano. ¿Por qué no servir trocitos de distintos tipos de frutas y verduras para que los niños puedan experimentar y elegir lo que les gusta? Frente a la rutina, apostemos por la variedad e incluso por productos más “exóticos” como mangos o kiwis

7. Más diversión por favor
Hagamos que comer bien sea divertido jugando a probar nuevos alimentos, cortar formas divertidas o explicar a los niños hechos interesantes sobre el origen de los ingredientes. Se sugiere hacer un cartel para rellenar al comer alimentos nuevos y adivinanzas sobre las propiedades y origen d elos productos.

8. Comer en familia
Los niños que comen en familia toman una dieta más equilibrada que si lo hacen solos. Se crea una rutina, ven el ejemplo de sus padres comiendo alimentos sanos y disfrutan de su mutua compañía. Y recordemos que el desayuno es la comida más importante del día y es un buen momento para estar juntos.

9. Implicar a los niños en la compra de alimentos
Llevar a los niños al mercado significa que pueden ayudar a elegir la comida y será más probable que se la coman. Es una oportunidad para aprender sobre los alimentos y empezar a distinguir entre productos frescos y envasados. También pueden empezar a leer las etiquetas de los productos. Si compramos sin ellos, al menos que participen en confeccionar la lista de la compra.

10. Hacer una lista de compras y atenerse a ella
Planificar las recetas de la semana y hacer una lista con los ingredientes necesarios, de esta forma hay menos posibilidades de caer en comidas preparadas o caprichos en el supermercado. Además, es uno de los consejos básicos para no gastar más de lo necesario

11. Comprar la mejor calidad que nos podamos permitir
Los alimentos ecológicos y la carne producida en granjas orgánicas (sin crecimiento antinatural, animales que ven la luz del sol y comen lo que su especie necesita, etc.) son mejores nutricionalmente y tienen menos tóxicos que la producción industrial. Optemos por ellos en la medida de nuestra posibilidades. Más vale 1 kg de arroz o garbanzos ecológicos que refrescos, gallletas y otros.

12. Leer siempre las etiquetas y aprender a interpretarlas
Evite comprar cualquier cosa ingredientes que no sepamos leer o pronunciar. Los conservantes y aditivos no son alimentos. Siempre que sea posible, optemos por alimentos locales y orgánicos y productos frescos y naturales.

13. Planificar los menús con antelación
Cocinar casero no siempre es fácil cuando estás ocupado durante la semana, pero la organización puede hacer que sea más manejable. Planificar un menú sano y adquirir todos los ingredientes necesarios es importante para poder cocinar con tranquilidad cuando llegemos a casa por la noche. Si comemos fuera, podemos llevar comida casera en tuppers, una forma de ahorrar dinero y cuidarnos.

14. Congelar nuestras comidas caseras
Una gran manera de ahorrar tiempo durante la semana es cocinar con antelación bastante comida y congelarla en porciones para cuando la necesitemos. También podemos congelar frutas y verduras recién cogidas, no conservan todas sus propiedades pero siempre serán mejores que envasadas/enlatadas.

15. Tener una despensa bien surtida de alimentos sanos
Tener una despensa bien surtida con alimentos básicos es una gran ventaja: aceites, cereales, especias, hierbas aromáticas, tomate envasado, … Con una buena despensa de alimentos no/poco perecederos podemos convertir cualquier receta rápida en algo especial cuando vamos con prisa al darle un toque diferente.

16. Las porciones pequeñas son adecuadas para los niños
Tengamos en cuenta que no todos necesitamos las mismas cantidades de comida, especialmente los pequeños. Se aconseja no obligar a los niños a terminar una comida si no quieren más y no utilizar los alimentos como chantaje. Simplemente ponerles la porción adecuada y animarles a comer todo lo que puedan.

17. Los niños no necesitan comida diferente
Desde bien pequeños los niños pueden comer lo mismo que el resto de la familia, incluidos los purés de los bebés (adecuados a su edad). Si los adultos llevamos una dieta sana y equilibrada, los niños igual pero a menor escala.

18. Meriendas y snacks saludables
Futas en trozos, frutos secos, zumos caseros, bocadillos caseros saludables, tortitas de arroz, …. Hay muchas opciones para poner a disposicion de la familia cuando tengan hambre y entre horas, y así los comerán con más facilidad.

19. No prohibir golosinas
La prohibición de ciertos alimentos aumentará su atractivo y consumo a escondidas. Se trata de explicar a los niños que pueden seguir tomando sus caprichos pero menos cantidad y los motivos. Se permite un poco de transgresión de vez en cuando.

20. Cocinar nuestros propios caprichos
Cualquier producto que cocinemos nosotros tendrá menos grasas, sal y azúcar que los preparados. Podemos elaborar nuestros propios pasteles, galletas, palomitas, patatas fritas, … para hacerlos más saludables y evitar conservantes. Moderación.

21. Reducir el consumo de refrescos y beber agua
El agua es mejor bebida que los refrescos y batidos, quita la sed y es mucho más barata. Cuanbo salgamos de casa, llevemos una botella de agua para evitar tentaciones.

22. Menos TV y más actividad física
A todos nos vendría bien pasar menos tiempo frente al televisor y al ordenador y sustituirlo por un deporte o actividad física que toda la familia pueda disfrutar regularmente. Anime a los niños a involucrarse en los deportes escolares y apóyeles.

23. Trasladar la misma filosofía de alimentación a la escuela
Es muy importante mantener una alimentación saludable en casa y transmitir un buen ejemplo, y también lo es extenderlo a la escuela. Hablar con otros padres y proponer cambios en el comedor escolar.

24. Comprar local y conocer a los productores de nuestra zona
Para elegir los mejores alimentos para nuestra familia, optemos por el consumo de temporada y local conociendo a los agricultores de la zona y llevando a los niños, si se puede, a ver los cultivos y granjar y recoger sus propios alimentos. Es la forma de asegurarse productos frescos y apoyar la comunidad (1 y 2)

25. Cultivar nuestra comida en la medida de nuestras posibilidades (desde un tiesto con perejil)
Muchos de nosotros viviemos tan alejados de la naturaleza que no sabemos cómo se cultuiva la comida. Un par de macetas y una tomatera es suficiente para mostrar a los niños cómo hacer una ensalada y conocer ingredientes y sabores. También es una forma de tocar, sentir e interactuar con los alimentos y entender de dónde vienen. Un balcón o ventana es suficiente, un pequeño huerto aún mejor.

26. Perseverar
No hay que rendirse porque nos rechacen las frutas y verduras en casa a la primera porque los estudios demuestran que se necesitan hasta 8-10 intentos para que a un niño le guste un alimento nuevo. Recuerde que no se debe forzar nada, sino motivar y repetir el proceso otro día.

27. Apoyarnos mutuamente y celebrar los pequeños éxitos
Cambiar nuestros hábitos alimenticios no es fácil porque ya hemos acostumbrado el paladar a la comida familiar. Anime a su familia, alabe sus esfuerzos y celebre lo conseguido con recetas nuevas o con alimentos especiales.

28. Experimentar y jugar con los ingredientes
No es necesario seguir las recetas al pie de la letra. Jugar un poco con los ingredientes es una forma de aprender a cocinar y de descubrir sabores diferentes. Deje que los niños experimenten también porque así participan en la cocina mientras se divierten.

29. Implantar los cambios de uno en uno
Todo camino empieza por un pequeño paso. No podremos implementar en casa grandes cambios de golpe pero cada receta o alimento sano que incorporemos es un gran avance. Para cambiar a largo plazo se necesita además el apoyo de todos los miembros, por eso hay que estar unidos y tener las metas claras.

30. La comida es una celebración
Enseñe a los niños que la comida es un placer y cocinar es divertido. Celebrar fiestas y eventos con buenas comidas y recordar que cuanto mejor y más sanos alimentos haya en nuestra vida, mejor estaremos.

Sitio oficial: Food Revolution Day

PDF: FOOD REVOLUTION AT HOME. Hay otros 3 pdf aplicados al colegio, comer fuera de casa y la vida diaria pero la mayoría de los consejos son comunes a todos

13/3/13

"LAS FRANCESAS NO ENGORDAN"


44 consejos para disfrutar de la comida y mantenerse en forma

“Las francesas disfrutan permaneciendo delgadas comiendo bien, mientras que las estadounidenses acostumbran a considerar el peso un conflicto y se obsesionan. Las francesas no se saltan ninguna comida ni la reemplazan por batidos acalóricos. A mediodía comen tres platos y cenan otros tres. Acompañados de vino, bien sûr, claro. ¿Cómo lo hacen? Comen con la cabeza y no abandonan la mesa sintiéndose llenas o culpables. La claves consiste en aprender que MENOS PUEDE SER MÁS y descubrir cómo comer de todo con moderación

“Cuando aprendas a reemplazar la comida basura por exquisiteces que realmente te sacien comprenderás que la regla de “menos es más” no es ninguna tontería y habrás descubierto algo que para las francesas resuta obvio: un solo trozo de buen chocolate negro puede proporcionarte más placer que una docena de barritas de chocolate”
Mireille Guiliano



Érase una adolescente francesa que pasó un año de intercambio escolar en EEUU y regresó a Francia con mejor inglés, experiencias y muchos kilos de más que le acomplejaban y le ataban a hábitos de vida poco recomendables. Afortunadamente, y cuan hada madrina, un médico amigo de su familia le reintrodujo en los principios clásicos de la gastronomía francesa y le reveló los sencillos secretos para recuperar la silueta y equilibrar su relación con la comida, la bebida y la vida.

Décadas después, Mireille Guiliano se convirtió en una alta ejecutiva del mundo del champagne trabajando tanto en EEUU como en Europa, y allá donde iba transmitía sus conocimientos y trucos a las mujeres que querían conseguir/conservar un peso saludable sin castigos.

Su libro “Las francesas no engordan. Secretos para comer con placer y estar delgada toda la vida” se convirtió en un bestseller internacional y puso de manifiesto que la sensatez, la moderación y el respeto por uno mismo son más útiles que dietas estrictas, sentimientos de culpa o dejadez.

No se trata de un libro de nutrición sino de vivencias y de cultura, de vida mediterránea, de disfrutar de la buena mesa, de no autoengañarse, de minimalismo en la cocina (menos es más), de no prohibir sino reducir y apostar por la excelencia en la calidad, de optar por los productos frescos, de temporada y comprados en el mercado, de hacer yogur y pan en casa y del placer de comer bien sin engordar.

Mireille es una gran conocedora de las trampas de la sociedad y el trabajo del siglo XXI para las mujeres modernas y ofrece consejos sencillos para estar sanas a largo plazo. Historias reales, recetas y trucos se mezclan en el libro con palabras francesas y anécdotas divertidas, y lo convirten en una lectura amena y enriquecedora.

Personalmente, me gustó mucho el libro y me apunté la lista de “mandamientos antropológicos” por los que las francesas no engordan y otras mujeres sí.

Merece la pena teneralos en cuenta y adaptarlos a nuestro tipo de dieta y situación personal porque funcionan y porque son un homenaje a cuidarnos, a las cosas sencillas y al placer de los pequeños momentos:


  1. Las francesas tienen la costumbre de pensar en cosas exquisitas para comer. Las estadounidenses tienen la costumbre de preocuparse por alimentos poco saludables
  2. Las francesas comen raciones más pequeñas de más alimentos variados. Las estadounidenses comen raciones más grandes de lo mismo.
  3. Las francesas comen mucha verdura
  4. Las francesas comen mucha fruta
  5. Las francesas adoran el pan y no conciben una vida sin hidrato de carbono.
  6. Las francesas no comen nada «sin grasa», «sin azúcar» ni ninguna cosa desprovista artificialmente de su sabor natural. Optan por lo auténtico, pero con MODERACIÓN
  7. Las francesas adoran el chocolate, sobre todo el negro y ligeramente amargo.
  8. Las francesas aplican los cinco sentidos a la comida, y logran que menos parezca más.
  9. Las francesas mantienen un equilibrio entre el consumo de comida, bebida y la realización de ejercicio.
  10. Las francesas se saltan el programa, pero siempre regresan a él, puesto que creen que sólo hay desvíos, pero nunca callejones sin salida.
  11. Las francesas no suelen pesarse, prefieren controlar su silueta con la vista y la ropa (el «síndrome de la cremallera»)
  12. Las francesas hacen tres comidas diarias
  13. Las francesas no se pasan la vida tomando tentempiés
  14. Las francesas siempre evitan sentirse hambrientas
  15. Las francesaas siempre evitan sentirse llenas
  16. Las francesas entrenas sus papilas gustativas y las de sus hijos desde una edad muy temprana
  17. Las francesas cumplen con los rituales a la hora de comer y nunca comen de pie o con prisas, ni tampoco delante del televisor.
  18. Las francesas no ven mucha televisión.
  19. Las francesas comen y sirven alimentos de temporada, por su salud y su precio, y saben que disponibilidad no equivale a calidad.
  20. A las francesas les encanta descubrir nuevos sabores y siempre experimentan con hierbas y especias para que lo conocido parezca nuevo
  21. Las francesas evitan someter los alimentos a temperaturas extremas y disfrutan comiendo frutas y verduras a temperatura ambiente, y también prefieren el agua a esa temperatura.
  22. A las francesas les desagradan las bebidas fuertes
  23. Las francesas beben vino de manera regular, pero solo en las comidas y sólo una copa (o quizá dos)
  24. A las francesas les encanta el champán, como aperitivo en la comida, y no necesitan que la ocasión sea especial para dercorchar una botella.
  25. Las francesas beben agua durante todo el día
  26. Las francesas eligen sus propios lujos y compensaciones. Saben que las pequeñas cosas cuentan, tanto en la suma como en la resta y que de adultas, todas deben hacerse cargo de su propio equilibrio.
  27. Las francesas disfrutan yendo al mercado
  28. Las francesas planean las comidas con antelación
  29. Las francesas consideran que cenar en casa es tan sexy como cenar fuera.
  30. Las francesas adoran recibir a los amigos en casa
  31. Las francesas dan una gran importancia a la presentación de la comida porque les importa cómo contemplas los platos
  32. Las francesas van andando a todas partes, dentro de lo posible
  33. Las francesas suben por las escaleras siempre que pueden
  34. Las francesas se visten para sacar la basura (nunca se sabe)
  35. Las francesas son tercas y no siguen las tendencias
  36. Las francesas adoran la moda
  37. Las francesas saben que un corte de pelo estupendo, una botella de champán y un perfume divino dan mucho de sí
  38. Las francesas saben que l ‘amour fait maigrir (el amor adelgaza)
  39. Las francesas evitan cualquier cosa que exige demasiado esfuerzo por un placer demasiado escaso
  40. Las framcesas adoran estar sentadas en un café y limitarse a disfrutar del momento
  41. Las frandesas adoran reírse
  42. Las francesas comen por placer
  43. Las francesas no hacen dietas
  44. Las francesas no engordan
Y rescato unas citas del libro que destacan por su realismo, buenas sugerencias a tener en cuenta o por lo anecdótico:


“El 65% de los estadounidenses pesa más de la cuenta y los libros más vendidos son los de dietética, que en su mayoría están redactados como si fueran manuales de bioquímica. (…) De todas maneras la demanda persiste. ¿Por qué? ¿Por qué unos millones de ejemplares no acaban definitivamente con nuestras desgracias? Por decirlo de manera sencilla, por PURO EXTREMISMO INADECUADO”

“Las americanas comen a escondidas con demasiada frecuencia y ese comportamiento se parece más a la CULPA que al placer. Hazlo con moderación”

“Me parece una paradoja americana: que una nación con tantos y tan excelentes atletas, una fascinación por el deporte y una gran pasión por el material deportivo, se las arregle para evitar el camino fácil e indoloro que conduce a estar en forma. A veces creo que todos estos elementos son un vestigio del puritanismo: instrumentos de autoflagelación pública para compensar pecados privados como remolonear en el sofá y comer en exceso. Afortunadamente las francesas no sufren estos excesos del bien y del mal. EL BIENESTAR SUPONE UN EQUILIBRIO que no tiene una definición precisa”

“El buen champan supone una gran diferencia (…) El champán me deleita y mucho. Para mí, es mágico. Y también es un vino sumamente femenino. Adoro todo lo relacionado con él: su seductor color miel, las diminutas burbujas (que danzan para ti), los aromas y los sabores y el maravilloso y prolongado resabio a levadura. Me encanta el estado de ánimo que crea el champán, una sensación que no genera ningún otro vino: celebración, alegría de vivir. También lo considero un vino muy indulgente: el contenido teatral de la copa hace que sea difícil beberlo apresuradamente y nunca me he emborrachado con champán ni me ha provocado resaca. Claro que lo bebo con moderación y siempre acompañando la comida. Como en todas las cosas buenas de esta vida, EL EQUILIBRIO ES FUNDAMENTAL”

“Mi mantra relacionado con la calidad por encima de la cantidad es doblemente importante aplicado a algo tan poderoso como el chocolate” (La autora es adicta a la marca Valhorna, casa chocolatera de lujo francesa)

“Las francesas comen chocolate (unos seis kilos anuales de media). También comen pan (¡hicimos una revolución para poder hacerlo!), otro ingrediente que figura en nuetsra lista de alimentos delictivos. Pero recuerda: la francesas no engordan”

“Para librarte de tu melancolía, ningun ejercicio de yoga, ninguna meditación en una capilla con acompañamiento musical te será más útil que HACER TU PROPIO PAN

Sitio oficial: Mireille Guiliano

19/11/12

DESEQUILIBRIOS DE LA CALIDAD NUTRICIONAL ACTUAL



La calidad nutricional de los alimentos de hoy se ve alterada por múltiples factores
que abarcan desde el modo de producción, cultivo, al de conservación, envasado, distribución y también nuestro modo de cocción.

Nuestra alimentación se caracteriza por abusos y carencias, debido a que las necesidades actuales de nutrientes no se corresponden con la ingesta real y biológicamente se explican los hoy frecuentes estados prepatológicos como astenias, nerviosismo, alergias y depresiones, diabetes, procesos cardiovasculares e hipertensión…

Factores que causan, Y acentúan la baja calidad NUTRICIONAL:

La BAJA CALIDAD DE LOS ALIMENTOS

Los métodos de cultivo agrícola afectan negativamente a la calidad de nuestros alimentos.

Genera unos alimentos caracterizados por una carga tóxica química y carencias en nutrientes esenciales. El objetivo es producir y no importan las herramientas que se utilicen: agroquímicos como pesticidas, herbicidas, fertilizantes químicos, etc. Todos ellos tóxicos.

La agricultura moderna ha modificado la composición del terreno, ha empobrecido los suelos lo que repercute en los nutrientes que componen al alimento. El empobrecimiento en minerales es de aproximadamente el 68% desde los años setenta.

Gran parte del terreno agrícola, por su sobreexplotación, contiene muy poco selenio, éste es un mineral protector contra las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, y se ha demostrado que quienes viven en regiones cuyo suelo posee bajo contenido en selenio, presentan mayor riesgo de tener estos procesos.

La industria alimentaria y los procedimientos modernos de producción, conservación y almacenamiento agravan la pérdida de la calidad nutricional del alimento, de nuevo por pérdidas de nutrientes esenciales e incremento de la carga tóxico-química por el uso de aditivos alimentarios como conservantes, colorantes o saborizantes.

La industria alimentaria nos ofrece alimentos desnaturalizados, desvitalizados, manipulados que han sufrido graves pérdidas de nutrientes, un producto que carece de micronutrientes esenciales como los minerales o vitaminas o los tienen en cantidades muy reducidas. La vitamina E, que ejerce una gran función antioxidante-protectora de las demás vitaminas y ácidos grasos insaturados esenciales, es termosensible a la acción del calor o la luz.

Se producen grandes pérdidas de vitamina E en el proceso de obtención de los aceites cuando interviene el calor o por su mal envasado y la acción de la luz. Su deficiencia tiene consecuencias complejas a nivel del equilibrio vitamínico, con otros nutrientes como de los ácidos grasos tanto en un alimento como en nuestro organismo. Por ello, la única garantía de que un aceite nos aporte ácidos grasos insaturados y vitamina E, es que haya sido obtenido por presión en frío y que este envasado en una botella opaca.

Hoy nos encontramos con modernas y nuevas tecnologías en la alimentación, cuyos efectos a corto y largo plazo se desconocen, como la irradiación sistemática de los alimentos o las atmósferas controladas como método de conservación. ¿Qué consecuencias puede traer la generalización de procedimientos de conservación por irradiación sobre los que tanto discrepan las diversas legislaciones nacionales? El objetivo de todos estos procesos es aumentan la rentabilidad del producto, pues muchos de ellos por ejemplo evitan que se enrancien.

La calidad de la nutrición es un factor esencial como aporte de nutrientes indispensables para la bioquímica corporal y porque esta alimentación industrial, caracterizada por los tóxicos químicos como los aditivos alimentarios o los conservantes, añadidos durante el procesamiento o los agroquímicos como los pesticidas, aumentan las necesidades de antioxidantes o de cofactores enzimáticos para las reacciones de desintoxicación. La carga tóxico-química de la alimentación moderna es enorme, cerca de 250 pesticidas y herbicidas, unos 60 de los cuales están reconocidos como cancerígenos.

Una alimentación donde predominan los azúcares y cereales refinados aumentan las necesidades de micronutrientes como las vitaminas del grupo B y el cromo para preservar el equilibrio glúcido-lipídico del organismo. Esta alimentación además comporta trastornos clínicos de disglicemia: hipo-hiper y provoca trastornos degenerativos, crónicos.

Los métodos de cocción o la preparación culinaria, aumentan la carencias de nutrientes del alimento. La cocción prolongada de legumbres, oxida y destruye las vitaminas E, vitamina C vitaminas B. Las verduras cocidas, raspadas, peladas...dejan en la cacerola o el fregadero las vitaminas solubles B y vitamina C, así como la mayor parte de sus minerales.

El horno y el microondas alteran la vitaminas, sobre todo la vitamina B6.

El vapor suave y la cocción a baja temperatura, son los que conservan mejor los nutrientes.

Por ello se recomienda el aumento del consumo de alimentos crudos, como las ensaladas.

Calidad del medio ambiente y estilo de vida

El medio ambiente industrial en el que vivimos, crea unas condiciones de toxicidad de más relevancia según se viva en una ciudad o en el campo. La contaminación ambiental por las industrias químicas, los materiales de construcción, transporte, los plásticos, los productos de limpieza, las radiaciones, los agroquímicos…que van contaminando el aire, el agua y los suelos. La calidad del medio ambiente debe ser uno de los objetivos de la ecología nutricional moderna, que no quiere un retorno ilusorio al pasado sino que propone una reflexión sobre los medios de producción: cultivo, conservación... capaces de asegurar un equilibrio nutricional adecuado. Por nuestro estilo de vida actual industrializado, como la contaminación del aire que respiramos, por ejemplo, aumenta los requerimientos de micronutrientes antioxidantes, como la vitamina E y vitamina C, selenio y aminoácidos azufrados, que balancean la enorme carga tóxica a la que nos exponemos. Una exposición continuada a la luz artificial aumenta las necesidades de vitamina E, fundamental en la fertilidad, el metabolismo fosfocálcico, el crecimiento y prevención del raquitismo y la osteoporosis. La falta de luz en las ciudades con atmósfera contaminada impiden que la luz nos llegue a la piel y se produzca la síntesis de vitamina D a nivel cutáneo. La diferencia entre nuestro mundo y el de nuestros abuelos estriba en la calidad de nuestro medio ambiente, las características del aire, el agua y los alimentos. Es enorme la influencia de la cultura y la sociedad: sus valores y creencias, la educación sobre el cuidado de la salud, la reducida actividad física, la actividad laboral, los hábitos tóxicos, el factor que caracteriza a nuestro sistema: el estrés…

Los regímenes alimenticios agravan las carencias y desequilibrios. Las dietas para adelgazar, la cultura de los light, mil y una dieta para perder celulitis, el ácido úrico o el colesterol, todos estos regímenes hipocalóricos, hipolipídicos o hipoglucidicos inducen carencias de vitaminas A, vitamina E y vitamina C y de minerales: magnesio, calcio, potasio, cinc y hierro. El consumo excesivo de fitatos, por el consumo de salvado de trigo aislado para solventar el estreñimiento, al ser un secuestrador de nutrientes, induce a carencias de minerales, especialmente de cinc e hierro.

Los hábitos tóxicos.

El tabaco, sus alquitranes y el humo activa o pasivamente ataca a los órganos digestivo y respiratorios, están mas que demostrados los efectos cancerígenos del tabaco. Un cigarrillo consumido requiere 30 mg de vitamina C para la compensación metabólica, cuando la necesidad diaria de vitamina C esta entre los 50-100 mg diarios. El alcohol, toxico del hígado y páncreas, afecta a todos los órganos digestivos, reduce la absorción y biodisponibilidad de micro nutrientes, favoreciendo las carencias de vitaminas B1, B3, B6, B9 y B12, calcio, magnesio y cinc.

Todos los tóxicos y drogas provocan oxidación radical. En cambio los vinos de buena calidad, artesanales tomados en dosis aproximadas de dos vasos al día aportan taninos, vitaminas y minerales.

Las bebidas excitantes como el café, el té, las especias en cantidades excesiva provocan inflamación de órganos y mucosas digestivos que inducen trastornos en la absorción de nutrientes. Además el café y el té son secuestradores de minerales.

El consumo habitual de ciertos medicamentos y el peligro de la automedicación, como los antibióticos, los antiinflamatorios y los laxantes, entre otros, modifican la absorción a nivel de la flora intestinal, que se reduce por la toma de antibióticos de gran espectro y no puede realizar la síntesis de las vitaminas del grupo B, además actúan como agentes quelantes de magnesio y tienen un efecto radical. Por ello cuando se sigue un tratamiento, se recomienda tomar antioxidantes como betacarotenos, vitamina C, E y selenio.

La ingestión de hormonas, como los anticonceptivos orales aumentan las necesidades de vitamina B6 piridoxina, vitamina B2 rivoflavina, vitamina C, folatos y cinc.



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