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5/2/13

GERMINADOS: LA MARAVILLA DE LA VIDA.



La germinación es una autentica alquimia de la vida, en la que podemos obtener un inmejorable alimento nutritivo y vital. Se trata de alimentos vivos de primer orden donde las secas y duras semillas de naturaleza ligeramente ácida para el organismo, se convierten en brotes tiernos alcalinos, muy ricos en enzimas digestivas, vitaminas, aminoácidos, clorofila y minerales muy asimilables, que ayudarán a mantener nuestro equilibrio ácido-base.

La capacidad desintoxicante de los germinados es suficiente razón para adoptar la costumbre de incluirlas en el menú cotidiano, y más si se vive en grandes urbes o focos contaminantes. A esto se suma el gran poder de regeneración que poseen las plantas en su nacimiento. Las plantas a esta corta edad poseen cualidades revitalizantes y regenerativas únicas que ayudan a mantener y recuperar la salud, depurando el organismo. Serán grandes aliadas para revitalizar el eco-sistema digestivo y obtener una alimentación saludable.

A modo orientativo, al germinar la semilla las proteínas se convierten en aminoácidos, los carbohidratos son modificados en azúcares simples, las grasas en ácidos grasos, los minerales se hacen mas asimilables y las vitaminas se desarrollan formidablemente durante la germinación. Por ejemplo en la soja el contenido de vitamina A se duplica en 48 horas, en 54 horas aumenta un 280% y en 72 horas un 370%. La vitamina C del trigo germinado aumenta un 600% en los primeros días de germinación y la vitamina E se triplica en cuatro días.

Se deben evitar las semillas partidas y las muy procesadas que pueden estar irradiadas y tratadas con sustancias químicas. Es conveniente optar por las de cultivo biológico y comprobar que efectivamente germinan todas o casi todas. La tasa de germinación no debería ser inferior al 90% para una semilla ecológica.

Los brotes de la familia de las Solanáceas tienen componentes que son tóxicos para los seres humanos y hay que evitarlas. Entre ellas se encuentran las de berenjenas, todo tipo de pimientos y tomates...

Podemos germinar fácilmente para empezar, semillas de buena calidad biológica como; Alfalfa, soja, trigo, fenogreco, lentejas, garbanzos, girasol, cebada, maíz, guisantes, calabaza y sésamo entre otras.

Hay que entender las necesidades de las semillas para germinarlas de forma sana.
Un equilibrio entre humedad y aire es lo ideal una vez que empiezan a brotar después del remojo inicial. En esta primera etapa de crecimiento los brotes absorben el agua por evaporación del medio circundante o sustrato, que en este caso es la propia aglomeración de semillas. Entonces es importante que las semillas estén siempre húmedas pero sin encharcamientos y que tengan un aporte de aire suficiente y una temperatura entre 20 y 35ºC.

Hay que evitar un grave error que se comete a menudo al empezar a germinar las primeras veces. Este es, dejar las semillas en remojo demasiado tiempo y o con agua muy fría, lo que produce un principio de putrefacción del que es difícil salir sano si eres una semilla. En caso de remojo demasiado largo se desarrollan procesos anaerobios (podredumbre) y pueden liberarse sustancias toxicas.

Si fuésemos semillas solo querríamos rehidratarnos para empezar el ciclo de germinación, osea, dejar las semillas previamente lavadas en un recipiente con al menos tres veces su volumen de agua tibia (a no mas de 30ºC.) hasta que están hinchadas, lo que puede llevar de pocas horas hasta un día dependiendo del tipo de semilla. Si se observa que han absorbido el agua se le pone más.

El agua utilizada, mejor si es de manantial que del grifo. (Si es del grifo, se deja reposar unos 2 días en una jarra o recipiente cubierto con un paño para asegurar que se evapore el cloro o se hierve 10 minutos y se deja enfriar). El color azul en los recipientes además de proteger al agua de la luz directa le confiere cualidades que la activan y mejoran la evaporación del cloro manteniendo mejor el oxigeno. También beneficia poner el agua al sol un rato para que se recargue con las energías de la luz del astro.
Ante cualquier duda sobre la potabilidad hervir el agua.

Generalmente hay que tirar el agua del remojo que contiene gran cantidad de purinas y sustancias bloqueantes que hicieron su papel mientras la semilla estaba en su letargo seco. En su estado natural estos desechos nutren la tierra, pero en un recipiente se pueden convertir en un impedimento para la germinación y son poco deseables para el consumo humano.

Tendremos en cuenta que las semillas una vez germinadas se convierten en plantitas cada vez mas grandes y dependiendo del tipo de germinado su volumen aumenta considerablemente. Por ejemplo una germinación de alfalfa con una cucharada sopera de semillas, llenará el volumen de un recipiente de litro fácilmente, ya que lo que se busca es la planta en su inicio con su raíz y el tallo con los cotiledones verdes (las primeras hojas que salen de la semilla)
Mientras que en la mayoría de legumbres y cereales, habitualmente se desea que brote el inicio de la raíz unas tres o cuatro veces la longitud del grano y se prefiere consumir antes de que salga el tallo.

En consecuencia, hay que evitar poner demasiadas semillas y si vemos que empiezan a estar apretadas lo razonable es separar una parte en otro contenedor o consumirlas.

Es interesante separar las cáscaras de las semillas una vez germinadas ya que estas no son mas que celulosa que en grandes cantidades pueden ser una carga para la digestión. Para ello los germinados se colocan en una cubeta con agua. las cáscaras tienden a flotar y se recogen en la superficie con un pequeño colador, mientras que los brotes se van al fondo.

Los germinados bien escurridos se conservarán varios días en la nevera. Aun teniendo en cuenta las condiciones adecuadas de higiene de los utensilios y los factores adecuados para el cultivo a veces no se obtienen resultados satisfactorios y la germinación se deberá desechar. Esto no debe desanimarnos. Los motivos de que esto ocurra pueden ser desde una semilla de mala calidad, influencias personales, influjos astrales especiales y radiaciones telúricas o electromagnéticas. Puede ser conveniente cambiar de ubicación los cultivos o tomarse las cosas con mas calma.

Trabajar siempre de la forma mas higiénica posible y desinfectar a fondo los recipientes utilizados antes de volver a usarlos. El uso de vinagre o una escaldada final asegura una buena limpieza.

Métodos de germinación:

Método de germinación en tarro de cristal

Lavamos las semillas y las ponemos en agua tibia (25 a 30ºC.), durante 24 horas generalmente, de manera que estén cubiertas. Pasado este periodo retiramos todas las que floten aun siendo empujadas hacia abajo, señal de que no son aptas. Igualmente se retiran las que no se han hidratado (esto suele suceder con algunas legumbres)

Escurrimos las semillas hidratadas y las dejamos dentro del frasco tapando la boca con un paño con en un lugar oscuro a temperatura que ronde los 25 grados (de 20 a 35 germinaran normalmente, a mayor temperatura más rápido) con el recipiente inclinado en oblicuo y boca abajo, así el agua se escurre bien. Siempre de manera que entre aire.

Hay que remojar las semillas cada día dejándolas como se ha explicado hasta que alcancen el desarrollo deseado, entre 5 y 7 días normalmente.

Pasado el tiempo de germinación y en el caso de semillas que desprenden la cáscara, retirar todas las cascaras que podamos a mano o sumergiéndolas en agua y con un colador pequeño atraparlas.

Colocarlas en un recipiente que respire o envueltas en un paño y ponerlas en sitio fresco hasta su utilización.

Método de germinación por goteo.

Una buena manera de simplificar la tarea de germinar las semillas.
En mi propia experiencia he desarrollado un sencillo método para simplificar aun más el trabajo de germinar, pudiendo dejar los germinados sin la atención periódica de remojar y escurrir, incluso durante varios días. Este método se basa en aplicar un pequeño y constante goteo sobre un germinador colocado encima de un recipiente que recoge el agua escurrida. El agua si es clorada mejor dejarla en reposo un día antes de utilizarla.

El germinador puede comprarse o fabricarse utilizando recipientes de barro agujereados o utilizar escurridores o coladores que se puedan acoplar unos encima de otros. Con varios recipientes podemos cultivar diferentes variedades de semillas para hacer los germinados

Para ello prepara un botellón con un grifo en su base colocado en una estantería sobre el germinador. Este botellón que puede ser redondo o cuadrado se puede comprar en algunas tiendas de menaje y decoración casera o puede fabricarse colocando un grifo o un gotero pinchado en un recipiente de polipropileno, barro, etc. evitar el PVC.
Un goteo se puede conseguir si disponemos de un grifo cerca, aplicándole una manguera con un gotero para riego, pero si el agua es clorada es mejor usar un recipiente con agua reposada.

El grifo se regula justo para que vierta un leve goteo sobre el germinador. El agua escurrida se recoge en un recipiente con suficiente capacidad para retener el volumen de agua del botellón o se conduce a un desagüe de la casa o a la huerta o el jardín....
Esta agua es adecuada para regar las plantas aportando enzimas que regeneran la tierra y nutren a los vegetales.

Este método es mas rápido que en bote, si se hace con semillas remojadas previamente de 8 a 12 horas. Las semillas tendrán el agua renovada y aire necesarios sin estar pendiente de ellas. El calor como en las germinaciones en bote hay que tenerlo en cuenta como factor importante. Una buena temperatura (20 a 35ºC.) garantizará el éxito con cualquier método utilizado. En cuanto a los insectos hay que evitar que se introduzcan colocando una tapa de rejilla de acero o una malla de fibra natural sobre el germinador, si este no tiene una tapa perforada adecuada.

Se podrán germinar distintas semillas a la vez ocupando un espacio relativamente pequeño.

La limpieza es mas sencilla.

La luz no estará tan disponible cuando se pretendan germinaciones ricas en clorofila. Aunque algunos germinadores comerciales son de plástico transparente.

(Método relatado por Ander Uederra. Miembro de Nutribiota.net)

19/7/12

LA ENERGÍA DEL ALIMENTO


Si bien los alimentos aportan nutrientes estructurales (aminoácidos, grasas, azúcares, minerales), tal vez la principal propiedad no sean solo sus valiosos componentes físicos, sino su acción vitalizante sobre nuestro metabolismo energético. Recientes investigaciones muestran que el factor primordial en la calidad de un alimento, es su energía solar (fotones). A través del alimento, absorbemos biofotones (partículas luminosas), que transmiten a las células importante información biológica para modular procesos vitales del cuerpo. Los biofotones poseen una gran fuerza de organización y regulación que proporciona al organismo mayor movimiento y orden, lo cual se traduce en una marcada sensación de vitalidad y bienestar. Cuanta más energía lumínica pueda almacenar un alimento, mayor su valor. Por ejemplo, un fruto madurado al sol es mucho más saludable que aquel madurado artificialmente.

Por consiguiente, la capacidad de almacenamiento de biofotones es una medida objetiva de la calidad de nuestros alimentos. Las algas espirulina, mediante un complejo único de pigmentos, puede almacenar todo el espectro solar: verde (clorofila), azul (ficocianina), amarillo, naranja y rojo (carotenoides). La medición de los biofotones confirma que la espirulina recién cosechada es un excelente colector de energía solar. Es un hecho que todos los seres vivos (hombres, animales y plantas), somos seres luminosos que vivimos de estructuras de orden. El girasol, por ejemplo, es un depósito de luz excelente, captando y almacenando energía fotónica, y transmitiendo dicha propiedad a sus semillas e incluso al aceite con ellas obtenido. Por tanto, nuestro alimento es portador de luz.

Cuanta más luz contengan nuestros alimentos, mayor es su valor biológico y menor es la cantidad de masa alimenticia que necesitamos. Así se explica que un tomate precioso, grande y rojo de cultivo en invernadero, madurado en cámara mediante exposición a gas etileno, tenga menos valencia biológica que un tomate pequeño, con manchas y mal formado, pero que ha crecido al aire libre y ha almacenado energía fotónica del sol en su maduración natural.

Casi no conocemos el concepto de alimento vivo, puesto que hemos aprendido a confiar solo en los análisis bioquímicos de las sustancias. El químico analiza en sus probetas los productos químicos y como mucho, la reacción entre ellos, pero la vida no se podrá comprobar de esta manera. Un pequeño ejemplo: tomemos dos puñados de semillas; un puñado lo colocamos 10 segundos en un microondas. Si luego analizamos químicamente ambos puñados, no habrá diferencia. Sin embargo, si los ponemos a germinar, el puñado de semillas del microondas habrá perdido esa cualidad; están muertas. La vida en sí no es visible, pero sí sus efectos.

Por eso nos debemos concentrar en una Alimentación Viva.

12/1/12

SEGÚN SEA TU ALIMENTO...



¿Para qué comemos?

La pregunta tiene muchas respuestas. Pareciera obvio que para aportar nutrientes al cuerpo. Sin embargo hay gente (y cada vez son más), que con una preparación adecuada, pueden vivir sin ingerir alimentos físicos (respiracionismo o inedia). Esto no es algo nuevo, pues los antiguos yoguis hindúes practicaban esto de vivir del prana, solo practicando técnicas de respiración. Prana es una palabra en sánscrito que hace referencia a "lo vital", la fuerza de las cosas vivas y la energía vital en el proceso natural del universo. A través de técnicas de respiración (pranayama) es posible controlar los flujos de prana o energía vital de nuestro organismo. Actualmente se están difundiendo los movimientos respiratorianos y también técnicas para nutrirse mediante la captación de fotones del sol, desarrollando celularmente la misma capacidad que tienen los vegetales para captar energía lumínica (fotosíntesis).

Más allá de conceptos y prácticas que exigen cierto nivel de preparación y pueden parecernos radicales, esto demuestra que es posible vivir sin nutrientes de estructura física y que en realidad el alimento cumple una función vibracional. Como se sabe, las células funcionan e intercambian información, resonando en una frecuencia electromagnética perfectamente medible.

Por lo tanto, la función del alimento es vitalizar y garantizar dicho metabolismo energético, basado en fenómenos de transmutación biológica, sintonización y resonancia entre órganos y alimento. En definitiva el cuerpo humano (saludable) resuena en una determinada frecuencia oscilatoria (entre 6.200 y 7.000 Ä). Las mediciones vibracionales del alimento permiten verificar que hay sustancias nutricias que resuenan por encima o por debajo de dicha frecuencia.

Al ingerir alimentos de igual o superior longitud de onda, el cuerpo no tiene dificultades en metabolizarlo y generar los fenómenos de intercambio, beneficiándose del aporte. Cuando ingerimos alimentos de inferior oscilación vibratoria, el organismo se ve perjudicado, pues debe elevar dicha frecuencia, a fin de establecer el adecuado intercambio metabólico.

Si este último tipo de alimentos se hace abundante y cotidiano, a largo andar el cuerpo se agota, baja su frecuencia, se desvitaliza y comienza a resonar en niveles inferiores, que son justamente los que emite una persona enferma (4.800 Ä en el caso de pacientes con cáncer) y en los cuales se desarrollan virus y parásitos.

De allí la importancia de nutrirse prevalentemente de alimentos superiores, como frutas, hortalizas y semillas (si son activadas mejor aún), que resuenan por encima de los 8.000 Ä y por tanto vitalizan al organismo, evitando el ámbito para el desarrollo del desorden energético, que luego se traduce en enfermedad, envejecimiento prematuro y muerte.

Al comer una hoja de rúcula lo que hacemos es recibir la energía lumínica que el vegetal captó y convirtió en energía química (clorofila). Al exponer dicha hoja al fuego, alteramos ese patrón ordenado y obligamos al cuerpo a elevar dicha frecuencia, para poder resonar y metabolizar adecuadamente. Por ello la importancia de destruir y alterar lo menos posible nuestro alimento cotidiano, concentrándonos, por el contrario, en procesos que lo vivifiquen y eleven vibratoriamente.

Esa es la mejor forma conocida para revertir y evitar situaciones de desorden y enfermedad. Si bien desarrollaremos a través de los contenidos, un enfoque de depuración y de nutrir sin ensuciar, considerado un primer escalón en este proceso consciente, entonces luego estaremos en condiciones de abordar este nivel ulterior y vitalizante.

Más allá de los beneficios en salud y rejuvenecimiento, esta propuesta generará otros efectos positivos a nivel de pensamientos y actitudes. Como dijera un conocido maestro espiritual: “Según sea tu alimento, así será tu mente; según sea tu mente, así será tu pensamiento; según sea tu pensamiento, así será tu actitud”.

En definitiva, somos lo que comemos, también a nivel emocional, intelectual y espiritual.



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