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24/3/13

30 CONSEJOS PARA REVOLUCIONAR TU COCINA



¿Cocina y revolución son palabras compatibles? Solemos creer que los cambios sociales se gestan en las mesas de negociaciones, campos de batalla u ocupando las calles, pero también, y fundamentalmente, es desde nuestros hogares donde se mejora el mundo.

El 17 de mayo 2013 es el día en que más de 600 ciudades de distintos continentes celebrarán el Día de la Revolución de la Comida (Food Revolution Day) al grito de ¡PODEMOS COMER MEJOR! y con una mano alzada con una cuchara. Está iniciativa está apoyada por cientos de chefs (como Jamie Oliver), profesionales de la nutrición, escuelas, organismos oficiales y personas anónimas que pretender alertar sobre que cada vez comemos peor y sus consecuencias, concienciar e informar sobre los alimentos sanos y recordarnos que los consumidores tenemos el poder de mejorar nuestra salud y hacer que la industria alimentaria cambie.

Cocinar casero es hoy en día un acto revolucionario en si mismo e implica una autogestión de nuestra salud y, además, si elegimos bien los alimentos, también estamos apostando por la soberanía alimentaria, la economía sostenible, el comercio justo y el desarrollo de nuestros territorios. Todo desde nuestros fogones.

Y conscientes de que en la actualidad en las familias los dos miembros suelen trabajar fuera de casa, que cada vez se cocina menos, se compran más alimentos procesados y que los niños apenas aprender a cocinar de sus padres, los organizadores de este proyecto han creado una guía con 30 consejos para hacer la revolución de la comida en nuestros hogares (PDF en inglés) con el deseo de unir a las familias a través de la alimentación (sentarse a la mesa unidos), mejorar los conocimientos sobre salud y prevención, y aumentar la esperanza de vida.

¿Quién hubiese dicho que una cuchara de madera iba a hacer tanto por nosotros y por el mundo? Estos son los 30 consejos para revolucionar tu cocina (traducción libre y ampliada):



1. Adiós a los viejos hábitos y bienvenidos los nuevos
Reunirse los miembros del hogar y hablar sobre la salud familiar, estilo de vida y hábitos alimenticios actuales. Se trata de reflexionar y consensuar entre todos los cambios a introducir para tener una dieta más saludable. Hacer una lista con las metas y dejarla en un lugar visible.

2. Nunca es demasiado tarde para aprender a cocinar más sano e implicar a toda la familia en ello
Con tantos libros, blogs gastronómicos, clases presenciales y vídeos, ya no hay excusas para solo saber freír un huevo. Con voluntad, no habrá receta que se resista. Y todos en casa pueden ayudar en alguna tarea, desde planificar el menú, comprar alimentos, preparar, conservar, cultivar…

3. Prediquemos con el ejemplo
“Haz lo que yo digo pero no hagas lo que yo hago”. Los niños aprenden observando a sus padres y familiares por lo que para implantar hábitos sanos en el hogar, hay que empezar por predicar con el ejemplo. Los padres son los primeros que deben comer con placer muchas frutas y verduras.

4. Cocinar productos frescos: de la huerta al plato
Es más barato, sabemos exactamente lo que lo que estamos comiendo y se puede controlar mejor los ingredientes y tamaños de las porciones que comemos.

5. Reinterpretar los platos preferidos de la familia
Ya sabemos lo que gusta en casa y se puede empezar con un “cambio de imagen” añadiendo frutas y verduras. Invitemos a los niños a participar en la cocina explicándoles porqué las nuevas versiones caseras de sus comidas favoritas son mejores que las compradas hechas.

6. Probar cosas nuevas
Existen más frutas que la manzana y el plátano. ¿Por qué no servir trocitos de distintos tipos de frutas y verduras para que los niños puedan experimentar y elegir lo que les gusta? Frente a la rutina, apostemos por la variedad e incluso por productos más “exóticos” como mangos o kiwis

7. Más diversión por favor
Hagamos que comer bien sea divertido jugando a probar nuevos alimentos, cortar formas divertidas o explicar a los niños hechos interesantes sobre el origen de los ingredientes. Se sugiere hacer un cartel para rellenar al comer alimentos nuevos y adivinanzas sobre las propiedades y origen d elos productos.

8. Comer en familia
Los niños que comen en familia toman una dieta más equilibrada que si lo hacen solos. Se crea una rutina, ven el ejemplo de sus padres comiendo alimentos sanos y disfrutan de su mutua compañía. Y recordemos que el desayuno es la comida más importante del día y es un buen momento para estar juntos.

9. Implicar a los niños en la compra de alimentos
Llevar a los niños al mercado significa que pueden ayudar a elegir la comida y será más probable que se la coman. Es una oportunidad para aprender sobre los alimentos y empezar a distinguir entre productos frescos y envasados. También pueden empezar a leer las etiquetas de los productos. Si compramos sin ellos, al menos que participen en confeccionar la lista de la compra.

10. Hacer una lista de compras y atenerse a ella
Planificar las recetas de la semana y hacer una lista con los ingredientes necesarios, de esta forma hay menos posibilidades de caer en comidas preparadas o caprichos en el supermercado. Además, es uno de los consejos básicos para no gastar más de lo necesario

11. Comprar la mejor calidad que nos podamos permitir
Los alimentos ecológicos y la carne producida en granjas orgánicas (sin crecimiento antinatural, animales que ven la luz del sol y comen lo que su especie necesita, etc.) son mejores nutricionalmente y tienen menos tóxicos que la producción industrial. Optemos por ellos en la medida de nuestra posibilidades. Más vale 1 kg de arroz o garbanzos ecológicos que refrescos, gallletas y otros.

12. Leer siempre las etiquetas y aprender a interpretarlas
Evite comprar cualquier cosa ingredientes que no sepamos leer o pronunciar. Los conservantes y aditivos no son alimentos. Siempre que sea posible, optemos por alimentos locales y orgánicos y productos frescos y naturales.

13. Planificar los menús con antelación
Cocinar casero no siempre es fácil cuando estás ocupado durante la semana, pero la organización puede hacer que sea más manejable. Planificar un menú sano y adquirir todos los ingredientes necesarios es importante para poder cocinar con tranquilidad cuando llegemos a casa por la noche. Si comemos fuera, podemos llevar comida casera en tuppers, una forma de ahorrar dinero y cuidarnos.

14. Congelar nuestras comidas caseras
Una gran manera de ahorrar tiempo durante la semana es cocinar con antelación bastante comida y congelarla en porciones para cuando la necesitemos. También podemos congelar frutas y verduras recién cogidas, no conservan todas sus propiedades pero siempre serán mejores que envasadas/enlatadas.

15. Tener una despensa bien surtida de alimentos sanos
Tener una despensa bien surtida con alimentos básicos es una gran ventaja: aceites, cereales, especias, hierbas aromáticas, tomate envasado, … Con una buena despensa de alimentos no/poco perecederos podemos convertir cualquier receta rápida en algo especial cuando vamos con prisa al darle un toque diferente.

16. Las porciones pequeñas son adecuadas para los niños
Tengamos en cuenta que no todos necesitamos las mismas cantidades de comida, especialmente los pequeños. Se aconseja no obligar a los niños a terminar una comida si no quieren más y no utilizar los alimentos como chantaje. Simplemente ponerles la porción adecuada y animarles a comer todo lo que puedan.

17. Los niños no necesitan comida diferente
Desde bien pequeños los niños pueden comer lo mismo que el resto de la familia, incluidos los purés de los bebés (adecuados a su edad). Si los adultos llevamos una dieta sana y equilibrada, los niños igual pero a menor escala.

18. Meriendas y snacks saludables
Futas en trozos, frutos secos, zumos caseros, bocadillos caseros saludables, tortitas de arroz, …. Hay muchas opciones para poner a disposicion de la familia cuando tengan hambre y entre horas, y así los comerán con más facilidad.

19. No prohibir golosinas
La prohibición de ciertos alimentos aumentará su atractivo y consumo a escondidas. Se trata de explicar a los niños que pueden seguir tomando sus caprichos pero menos cantidad y los motivos. Se permite un poco de transgresión de vez en cuando.

20. Cocinar nuestros propios caprichos
Cualquier producto que cocinemos nosotros tendrá menos grasas, sal y azúcar que los preparados. Podemos elaborar nuestros propios pasteles, galletas, palomitas, patatas fritas, … para hacerlos más saludables y evitar conservantes. Moderación.

21. Reducir el consumo de refrescos y beber agua
El agua es mejor bebida que los refrescos y batidos, quita la sed y es mucho más barata. Cuanbo salgamos de casa, llevemos una botella de agua para evitar tentaciones.

22. Menos TV y más actividad física
A todos nos vendría bien pasar menos tiempo frente al televisor y al ordenador y sustituirlo por un deporte o actividad física que toda la familia pueda disfrutar regularmente. Anime a los niños a involucrarse en los deportes escolares y apóyeles.

23. Trasladar la misma filosofía de alimentación a la escuela
Es muy importante mantener una alimentación saludable en casa y transmitir un buen ejemplo, y también lo es extenderlo a la escuela. Hablar con otros padres y proponer cambios en el comedor escolar.

24. Comprar local y conocer a los productores de nuestra zona
Para elegir los mejores alimentos para nuestra familia, optemos por el consumo de temporada y local conociendo a los agricultores de la zona y llevando a los niños, si se puede, a ver los cultivos y granjar y recoger sus propios alimentos. Es la forma de asegurarse productos frescos y apoyar la comunidad (1 y 2)

25. Cultivar nuestra comida en la medida de nuestras posibilidades (desde un tiesto con perejil)
Muchos de nosotros viviemos tan alejados de la naturaleza que no sabemos cómo se cultuiva la comida. Un par de macetas y una tomatera es suficiente para mostrar a los niños cómo hacer una ensalada y conocer ingredientes y sabores. También es una forma de tocar, sentir e interactuar con los alimentos y entender de dónde vienen. Un balcón o ventana es suficiente, un pequeño huerto aún mejor.

26. Perseverar
No hay que rendirse porque nos rechacen las frutas y verduras en casa a la primera porque los estudios demuestran que se necesitan hasta 8-10 intentos para que a un niño le guste un alimento nuevo. Recuerde que no se debe forzar nada, sino motivar y repetir el proceso otro día.

27. Apoyarnos mutuamente y celebrar los pequeños éxitos
Cambiar nuestros hábitos alimenticios no es fácil porque ya hemos acostumbrado el paladar a la comida familiar. Anime a su familia, alabe sus esfuerzos y celebre lo conseguido con recetas nuevas o con alimentos especiales.

28. Experimentar y jugar con los ingredientes
No es necesario seguir las recetas al pie de la letra. Jugar un poco con los ingredientes es una forma de aprender a cocinar y de descubrir sabores diferentes. Deje que los niños experimenten también porque así participan en la cocina mientras se divierten.

29. Implantar los cambios de uno en uno
Todo camino empieza por un pequeño paso. No podremos implementar en casa grandes cambios de golpe pero cada receta o alimento sano que incorporemos es un gran avance. Para cambiar a largo plazo se necesita además el apoyo de todos los miembros, por eso hay que estar unidos y tener las metas claras.

30. La comida es una celebración
Enseñe a los niños que la comida es un placer y cocinar es divertido. Celebrar fiestas y eventos con buenas comidas y recordar que cuanto mejor y más sanos alimentos haya en nuestra vida, mejor estaremos.

Sitio oficial: Food Revolution Day

PDF: FOOD REVOLUTION AT HOME. Hay otros 3 pdf aplicados al colegio, comer fuera de casa y la vida diaria pero la mayoría de los consejos son comunes a todos

18/2/13

SANA ALIMENTÁNDOTE SANO



Cada persona tiene unas necesidades nutricionales propias fruto de su terreno biológico dominante.

Hoy la sociedad está acostumbrada a vivir con reumatismo, las alergias, las migrañas, las varices, la hipertensión...nunca antes se habían generado tantas enfermedades degenerativas. Cada día es más difícil que se produzca una muerte natural o el morir de viejo. Las enfermedades degenerativas son las plagas de nuestro tiempo. La etiología de estas afecciones se relaciona con los hábitos de vida: la alimentación caracterizada por excesos y carencias, los tóxicos químicos contaminantes y el estrés.

Ningún medicamento podrá hacer tanto por nuestra salud como los alimentos saludables que tomamos cada día.

Igualmente, ningún fármaco posee la capacidad de compensar los efectos nocivos de los alimentos que ingerimos en una alimentación desequilibrada.

La piedra angular de toda terapeútica es la corrección alimentaria. Lo que habitualmente llamamos enfermedad, es solo un síntoma del estado de desorden al cual hemos llevado a nuestro organismo a través del tiempo. En sí mismo, el cuerpo humano tiene gran cantidad de maravillosos mecanismos para resolver problemas a los que puede verse sometido: excesos, carencias, toxicidad, etc. Pero nuestro moderno estilo de vida se las ha ingeniado para colapsar esa increíble armonía, malogrando la natural capacidad de adaptación a los inconvenientes.

Asumir esta realidad representa el cincuenta por ciento de la solución de nuestros actuales problemas de salud. Y ese es el objetivo, que la persona comprenda cómo él mismo ha generadotal situación de desorden y -por sobre todo- cómo él mismo puede remediar tal problema, en la medida que retorne a los hábitos saludables que nunca debió abandonar.

En este camino no hay secretos ni misterios, pero tampoco soluciones mágicas. Los errores se generan principalmente por desinformación (donde se mezclan por un lado la poca difusión de hábitos y alimentos saludables, y por el otro la excesiva publicidad, no muy clara por lo general y a veces con mensajes subliminales con dudosas intenciones que intentan movilizarnos por ejemplo a través de nuestra familia, de productos supuestamente beneficiosos para nuestra salud).

En la medida que vayamos aprendiendo como opera la inmensa inteligencia corporal y comprendamos sus mecanismos, veremos que es muy sencillo jugar a favor (y no en contra, como muchas veces solemos hacer sin siquiera saberlo) de nuestra propia naturaleza humana. Entenderemos que no habrá medicamento alguno que pueda remediar los problemas,mientras no dejemos de boicotear nuestro organismo con hábitos que van en contra de las leyes naturales que lo crearon.

Inicialmente debemos comprender como funciona el mecanismo de la intoxicación cotidiana y el ensuciamiento corporal, y aprender que alimentos y prácticas colaboran con ello. Si diariamente incorporamos más tóxicos de los que podemos evacuar, no necesitamos ser científicos para entender que la acumulación de toxinas acabará por generar un colapso tóxico. Esa es la causa profunda de la mal llamada enfermedad: desde calambres, alergias, problemas de calvicie, acidez estomacal, desorden hormonal, impotencia sexual, colesterol alto, irritabilidad, problemas de circulación, asma, osteoporosis, hasta un cáncer, todo responde al mismo mecanismo de generación. Solo difiere el grado de toxemia y el órgano mediante el cual, nuestro organismo expresa su claudicación y colapso.

Para el correcto funcionamiento corporal es importantísimo el rol que cumple la correcta nutrición, pero de poco servirá una alimentación de alta calidad en un contexto de ensuciamiento corporal crónico. El mejor de los alimentos puede ser mal aprovechado, como consecuencia de estar atrofiados los mecanismos de la química corporal para su correcta síntesis, a causa del colapso tóxico. La analogía con un automóvil puede ayudarnos a comprender mejor este concepto:
Si nuestro vehículo está carbonizado y fuera de punto debido al uso de combustible incorrecto, seguramente haríamos limpiar el motor y cambiaríamos la calidad del combustible. ¿Serviría hacer sólo una de las dos cosas? Con el cuerpo pasa exactamente igual. De poco sirve una sola acción. Hay que depurar para eliminar los desechos que impiden el normal funcionamiento. Y también hay que cambiar la calidad del “combustible” para que no vuelva a “carbonizar” la estructura.

Una persona que decida recuperar por sí misma su natural estado de salud y equilibrio,debe abordar irremediablemente el trabajo depurativo como prioridad absoluta y paralelamente la incorporación de alimentos y hábitos saludables. Es evidente que si no comenzamos por “destapar” nuestros filtros orgánicos y moderar el nivel de toxemia, todo lo que hagamos en procura de la salud, perderá bastante efectividad. Viceversa, cualquier práctica terapéutica se beneficiará de la tarea depurativa y de una nutrición saludable y no ensuciante.

Ejercer nuestro natural derecho a un óptimo estado de salud, se parece mucho a una mesa apoyada en tres patas: todas deben estar fuertes y en equilibrio. Por ello, la tarea de limpiezaorgánica se potenciará enormemente con un simultáneo freno al ingreso de nuevas toxinas yaporte de los nutrientes esenciales que estaban faltando. Trabajar separadamente cada aspecto, conspira contra una rápida recuperación de la salud y el equilibrio, implicando un mayor esfuerzo y tiempo.


24/1/13

SABOREAR: MINDFULNESS PARA COMER Y VIVIR BIEN




“Buda enseña que el cambio requiere conocimiento, y el conocimiento sólo se inicia cuando NOS DETENEMOS Y CENTRAMOS NUESTRA ATENCIÓN en lo que ocurre frente a nosotros. Esta detención, o shamatha, nos permite descansar el cuerpo y la mente. Una vez que hemos calmado, podemos observar en profundidad nuestra actual situación. Tenemos que liberarnos de nuestras rutinas frenéticas, dejar de hacer inconscientemente… Necesitamos detenernos, descansar y reflexionar de forma constructiva a fin de poner fin a los hábitos que han desembocado en nuestros actuales problemas. Hemos de ser plenamente conscientes de lo que ocurre en nuestra vida diaria. Sólo entonces podremos empezar a cambiar”
Thich Nhat hanh y Dra. Lilian Cheung*


Desde hace unos años se escucha mucho el término “mindfulness” que deriva de la filosofía zen, significa “prestar atención y conciencia plena en el momento presente” y es una práctica llena de beneficios en un mundo acelerado donde nos dejamos arrastrar por la multitarea tratando de hacer varias cosas a la vez y ninguna bien, nos preocupamos por el pasado y el futuro y desperdiciamos el poder del ahora.

Uno de los mayores divulgadores del mindfulness es Thich Nhat Hanh, monje budista, activista por los derechos humanos e importante líder espiritual. En su libro “El milagro del mindfulness” nos recuerda que cada momento- al lavar los platos, al ponernos al teléfono o al pelar una naranja- nos ofrece una oportunidad para conocernos con más profundidad y gozar de una mayor paz interior.

¿Y por qué no en la comida?

Recientemente Thich Nhat Hanh junto a la nutricionista de Harvard Dra. Lilian Cheung han publicado el libro “Saborear: mindfullness para comer y vivir bien” en el que adaptan esta filosofía de vida a la alimentación, al ejercicio y a todas las facetas de la vida diaria.

Los autores se proponen eliminar el sobrepeso y, a diferencia de tantos manuales de dietas que nunca profundizan en el estado emocional y mental de las personas y solo se centran en calorías o tipo de alimentos, revelan el origen de nuestros malos hábitos y “nos muestran cómo transformar nuestra vida aplicando el mindfulness y una alimentación más sana”.

“La conciencia plena del momento presente y la compresión del porqué de nuestras acciones harán posible acabar con nuestro malestar y empezar a cambiar nuestro comportamiento. Saborear no sólo nos ayudará a alcanzar un peso saludable y el bienestar que buscamos, sino también nos revelará la riqueza de la vida que, en cada momento, está a nuestro alcance”


¿Qué ocurre si observamos con más atención el cuerpo, los sentimientos y nuestros pensamientos y lo relacionamos con nuestros hábitos y lo que ingerimos? ¿Qué comemos cuando estamos tristes o ansiosos frente a cuando estamos en paz? ¿Es diferente comer con prisa y apenas sin masticar que con conciencia plena y tranquilos?

Ya que comemos varias veces al día tenemos una gran oportunidad de mejorar nuestra salud y nuestro ánimo aprovechando esos momentos para nutrirnos a distintos niveles.

“Saborear” no es la única obra que indaga en estos temas, recordamos “La alimentación y las emociones” de Montse Bradford” (entrevista) o “Mindfulness y alimentación”. Ni tampoco es la primera incursión del budismo o la espiritualidad en la dieta.

Monjes budistas españoles publicaron hace un tiempo “Cocina para la felicidad” donde podemos encontrar estos consejos:

“Lo importante para nosotros no es tanto lo que haces, sino con qué intención lo haces, algo perfectamente extrapolable al acto de alimentarnos. No nos importa exclusivamente qué se cocina, sino para qué cocinamos y hacia dónde se dirigen nuestros pensamientos cuando
cocinamos. En pocas palabras: lo que positiviza la energía de nuestra mente no es la acción en sí, sino la motivación”.


“Según qué ingerimos, tendremos un cuerpo u otro, con una salud u otra, con una forma u otra, con una duración u otra. Por eso mismo, los monjes budistas consideramos que los alimentos son medicamentos y que, desde la más temprana de las edades, se debe educar a los niños en la idea de que todo lo que entra por la boca pasa a formar parte de nosotros mismos”

“Queremos ayudar a los lectores a comprender que los alimentos, en la medida en que son pura energía, pueden ser el camino de la felicidad”
Lama Jamyang Tashi Dorje Rinpoche

y el Maestro Espiritual Omraam Mikhaël Aïnvanhov explica todos estos conceptos y más en “El yoga de la nutrición” (scribd):

“Comer es introducir en nuestro organismo materiales que se utilizarán en la construcción de nuestro cuerpo físico, pero también de nuestros cuerpos sutiles. Por lo tanto es particularmente importante realizar este acto que repetimos cada día, varias veces por día, en un estado de paz y armonía. Por eso siempre insisto en la importancia de RECOGERSE ALGUNOS MINUTOS ANTES DE LAS COMIDAS. Sé que no es una costumbre muy extendida; la mayoría de la gente ni siquiera hace una oración: enseguida se lanzan sobre la comida, tragan hablando, riñendo, haciendo ruido con los cubiertos… Por eso no obtienen muchos beneficios del alimento, sólo absorben los elementos más toscos. Para absorber los elementos sutiles, los elementos etéricos que contribuyen a nutrir también nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, hay que prepararse para comer en la armonía y el recogimiento.”
“¿Por qué no comprender que dos o tres veces al día tenemos todos la oportunidad de hacer un ejercicio relajante, un ejercicio de concentración, de armonización de todas nuestras células? Si os pido que hagáis el esfuerzo de comer en silencio (no solamente de no hablar, sino de no hacer ningún ruido con los cubiertos), masticando largo tiempo cada bocado, haciendo de vez en cuando algunas respiraciones profundas, pero sobre todo concentrándoos en la alimentación y dando gracias al Cielo por toda esta riqueza, se debe a que estos ejercicios en apariencia tan insignificantes, son los mejores para adquirir el verdadero dominio de sí mismo. El control de estas pequeñas cosas os dará la posibilidad de dominar cosas mayores (…)”
“Una comida es una ceremonia mágica gracias a la cual la nutrición debe transformarse en salud, en fuerza, en amor y en luz. Observaos cuando habéis comido en estado de agitación, de cólera, de rebelión; luego, durante todo el día manifestáis acritud, nerviosismo, parcialidad, y si tenéis problemas difíciles que resolver, la balanza se inclina siempre hacia el lado negativo.Intentáis justificaros diciendo: «¡Qué quieres, no puedo remediarlo, estoy nervioso!», y para calmaros tomáis medicamentos, lo cual no sirve prácticamente para nada. Para mejorar el estado de vuestro sistema nervioso debéis aprender a comer”
En conclusión, la mesa puede convertirse en uno de los mejores divanes para nuestro crecimiento y salud y lo tenemos al alcance de la mano…


Sitio oficial: Savor the book

Más info sobre el libro en SModa El País

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Lavar los platos es como bañar a un Buda bebé

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*Cita tomada de Mindfullness Chile

10/1/13

LA NUTRICIÓN CONSIDERADA COMO UN YOGA


“Una comida es una ceremonia mágica gracias a la cual la nutrición debe transformarse en salud, en fuerza, en amor y en luz. Observaos cuando habéis comido en estado de agitación, de cólera, de rebelión; luego, durante todo el día manifestáis acritud, nerviosismo, parcialidad, y si tenéis problemas difíciles que resolver, la balanza se inclina siempre hacia el lado negativo. Intentáis justificaros diciendo: «¡Qué quieres, no puedo remediarlo, estoy nervioso!», y para calmaros tomáis medicamentos, lo cual no sirve prácticamente para nada. Para mejorar el estado de vuestro sistema nervioso debéis APRENDER A COMER”

“¡No es posible comer de cualquier manera, en medio de ruidos, nervios, prisas, e incluso disputas; y luego ir a practicar yoga! ¿No es mejor darse cuenta de que cada día es una oportunidad para hacer dos o tres veces un ejercicio de descanso, de concentración, de armonización de todas vuestras células?”

Omraam Mikhaël Aïnvanhov

Alimentarse es mucho más que tragar para aprovechar los elementos físicos (proteínas, minerales, …) de la comida. Lo que trabajamos con la boca y con el aparato digestivo varias veces al día tiene más implicaciones que las nutricionales. Últimamente, y gracias especialmente a la experta en alimentación energética Montse Bradford, se habla mucho del tema de la alimentación y las emociones (conferencialibro); y más allá del nivel emocional, la comida también puede aportarnos un trabajo espiritual de primer orden.

“La nutrición considerada como un yoga” es una de las 116 reglas de oro para la vida cotidiana que expone Omraam Mikhaël Aïnvanhov (1900-1986), filósofo y pedagogo francés de origen búlgaro, quien tiene una obra dedicada enteramente a esta materia: “El yoga de la nutrición“.

¿Cómo podemos convertir el momento de la comida en una clase de yoga?: silencio, tranquilidad, masticación, ser conscientes de lo que nos aportan los alimentos a diferentes niveles, agradecimiento y más.

Estas son algunas pinceladas sobre el tema y abajo ampliamos con otros libros que abordan el mundo de la cocina, la meditación y la felicidad:


La nutrición considerada como un yoga
¡Cuántas personas desequilibradas a causa de una vida trepidante buscan algún sistema para equilibrarse! Y practican yoga, hacen meditación transcendental o bien aprenden a relajarse. Eso está muy bien, pero según mi punto de vista existe un ejercicio más fácil y más eficaz: aprender a comer. ¿Os sorprende? ¿Por qué? ¡No es posible comer de cualquier manera, en medio de ruidos, nervios, prisas, e incluso disputas; y luego ir a practicar yoga! ¿No es mejor darse cuenta de quecada día es una oportunidad para hacer dos o tres veces un ejercicio de descanso, de concentración, de armonización de todas vuestras células?

En el momento de sentaros a la mesa comenzad por expulsar de vuestro espíritu todo aquello que puede impediros comer en paz y en armonía. Y si no alcanzáis este estado en seguida, esperad para empezar a comer hasta el momento en el que hayáis conseguido calmaros.

Cuando coméis en un estado de agitación, de cólera o de descontento, introducís en vosotros desasosiego, unas vibraciones desordenadas que se transmiten a todo lo que hagáis después. Incluso cuando intentáis dar una impresión de calma, de control, sale de vosotros algo agitado, tenso y cometéis errores, ofendéis a las personas o a las cosas, pronunciáis palabras torpes que os hacen perder amigos y os cierran las puertas… Mientras que si coméis en estado de armonía, resolvéis mejor los problemas que se os presentan después, e incluso si durante todo el día os veis obligados a correr de aquí para allá, sentís dentro de vosotros una paz que ostra actividad no puede destruir. Comenzando por el principio, por lo nimio, se puede llegar muy lejos.

No creáis que la fatiga se produce siempre porque habéis trabajado demasiado. No; muy a amenudo se produce por un despilfarro de fuerzas. precisamente, cuando tragamos el alimento sin haberlo masticado bien, sin haberlo impregnado suficientemente con nuestros pensamientos y otros sentimientos, es más difícil de digerir, y el organismo, que tendrá dificultad para asimilarlo, no podrá beneficiarse totalmente.

Cuando coméis sin ser conscientes de la importancia de este acto, aunque vuestro organismo se fortalezca sólo recibe las partículas más groseras, más materiales, lo cual es poco comparado con las energías de las que os beneficiaríais si supierais verdaderamente comer en silencio, concentrándoos en el alimento para recibir los elementos etéricos y sutiles. Así pues, durante la comida, concentraos en el alimento proyectando en él rayos de amor; en ese momento se produce la separación entre la materia y la energía: la materia se disgrega, mientras que la energía penetra en vosotros y podéis disponer de ella.

En la nutrición lo esencial no son los alimentos en sí, sino las energías que estos alimentos contienen, la quintaesencia aprisionada, pues en esta quintaesencia está la vida. La materia del alimento sólo sirve de soporte, y justamente esa quintaesencia tan sutil, tan pura, no debe únicamente servir de alimento a los planos inferiores, al cuerpo físico, al cuerpo astral y al cuerpo mental, sino que debe también servir para alimentar el alma y el espíritu.

Omraam Mikhaël Aïnvanhov
Reglas de oro para la vida cotidiana
El yoga de la nutrición

11/5/12

COME SANO



"Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina sea tu alimento"

Hoy, la biología nutricional y la bioquímica respaldan de modo científico la máxima "que tu alimento sea tu medicina".

Se confirma que los alimentos del reino vegetal contienen miles de sustancias diferentes que son esenciales para mantener la salud: llamadas fitoquímicos, aparte de los nutrientes tradicionalmente conocidos.

A principio del siglo xx desde el punto de vista de la salud, toda la atención de los alimentos se enfocaba sólo en su contenido en macronutrientes como proteínas, hidratos de carbono y grasas. Desde entonces se han descubierto la importancia biológica de los micronutrientes: minerales, oligoelementos, vitaminas y enzimas. Una revolución al significar que cantidades muy pequeñas de unos compuestos frágiles resultan imprescindibles para la vida.

La nutrición saludable mantiene en el organismo el equilibrio óptimo bioquímico y homeostático.

Una alimentación sana exige volver a los alimentos en su estado natural, respecto a la gran manipulación de la industria agroalimentaria.

La ciencia demuestra que la alimentación más saludable es la que se parece más a la de nuestros abuelos, basada en los vegetales que se cultivaban en el lugar donde vivían, alimentos de gran pureza y muy poco manipulados.Cuanto más cerca está un alimento de su estado natural más beneficioso resulta para la salud.

Los auténticos alimentos se van a encontrar con la competencia de los artificiales, los supermercados se llenan de productos manipulados a los que se añaden por ejemplo vitaminas sintéticas para sustituir las que han perdido por el camino, aparecen los alimentos transgénicos, el alimento funcional...

Es necesario conocer el efecto sobre la salud de todos los grupos de alimentos y el modo de cocinarlos, escogiendo aquellos de calidad por su frescura y menor manipulación.



17/1/12

SOMOS LO QUE COMEMOS



Somos lo que comemos... y seremos lo que hayamos comido. De una alimentación adecuada en cada etapa de la vida, depende la salud y el bienestar de cada persona. La conveniencia, el precio, la presentación, son, entre otras, las fuerzas que hoy impulsan nuestra dieta. Pero, ¿cuál es el verdadero coste de lo que elegimos comer cada día?
El cuerpo humano esta compuesto por algo así como 1000 billones de células, bastante más que todas las estrellas que componen nuestra Galaxia. De todas estas células 600,000 millones mueren cada DIA siendo reemplazadas por igual número. Es decir, cada segundo nuestro cuerpo regenera más de 10 millones de células. Una célula normal de la piel vive solo dos semanas aproximadamente; las de los huesos se renuevan cada tres meses. Cada 90 seg. Se sintetizan millones de anticuerpos, cada uno con unos 1200 aminoácidos, y cada hora se regeneran 200 millones de eritrocitos. Los glóbulos rojos se renuevan cada ciento veinte días. Las células de nuestros huesos viven unos diez años.
Cada célula de nuestro cuerpo se regenera, en promedio, cada siete años. No todas tardan el mismo tiempo.

Todas nuestras células, para sobrevivir, deben alimentarse; la salud de estas estructuras depende de la recepción de los nutrientes que necesitan para funcionar. Lo que comes determina lo que la sangre transporta a las células, ya sea toxinas o nutrientes. La sangre transporta estos nutrientes a las células y absorbe los productos de desecho. La sangre recibe estos nutrientes de los alimentos que ingerimos recogiéndolos principalmente de las paredes intestinales. La sangre se limpia de los productos de desecho que recoge de las células por medio del hígado y de los pulmones.

El punto más importante de recordar es que la sangre es neutral en el sistema de transporte, sí comes alimentos que son tóxicos, la sangre recogerá esas toxinas y las llevará a las células tal y como si fueran nutrientes. Si existe alguna deficiencia en los alimentos que comemos la sangre simplemente llega a las puertas de la célula con las “manos vacías”.

Así que lo que comes determina lo que la sangre transporta a las células ya sea toxinas o nutrientes, y será es la base de las nuevas células, lo que nos convertirá en lo que hayamos comido.

Según la Epigenética es cierto que somos lo que comemos, activamos y desactivamos nuestros genes en función de nuestra dieta. Mediante los alimentos controlamos nuestra apariencia, nuestra conducta y nuestra salud, a veces para toda nuestra vida, e incluso para nuestros descendientes. Los científicos tienen ya evidencias de los cambios químicos que ocurren en la cadena de ADN y los mecanismos que activan o desactivan a los genes. Más concretamente, se ha descubierto que ciertos alimentos pueden llegar a modificar nuestro material genético para siempre. De hecho, un hospital en Holanda guarda archivos que prueban que decenas de embarazadas que consiguieron sobrevivir al hambre y la guerra de 1944, tuvieron hijos que a muy temprana edad enfermaron de cáncer, diabetes y enfermedades cardiovasculares, que a su vez han tenido descendencia con propensión a estas enfermedades. Todo apunta a que el hambre reprogramó los genes de las jóvenes madres y esto fue transmitido a sus hijos e incluso a sus nietos.

¿Qué comen los vegetales que comemos?
Dentro de un amplísimo abanico de posibilidades, encontramos dos extremos:

•Por un lado podemos encontrar vegetales de temporada que no han necesitado ni un sólo gramo de química ni transgenia para nacer, crecer y desarrollarse. El suelo donde se han cultivado es un suelo limpio, regenerado naturalmente por el propio ecosistema, incluso con alguna temporada de “descanso” y, por qué no tenerlo en cuenta también, cultivado desde la dedicación y el amor diario del campesino -no debemos olvidar que las emociones también se transmiten a las plantas-.

•Por otro lado podemos comer vegetales de otras temporadas, sin tener para nada en cuenta el ciclo solar y los ciclos lunares. Dichos vegetales se han mantenido refrigerados durantes meses, recogidos antes de tiempo y madurados con gas etileno, modificados genéticamente para soportar algunas plagas y mostrar mejor aspecto -incluso para cambiarles el color-, cultivados en un suelo con tierra tratada químicamente y nutrientes artificiales, y cargados hasta los topes de pesticidas, sulfatos, etc.

¿Qué comen los animales que comemos?

Al igual que en el caso de los vegetales, también hay muchas posibilidades intermedias a las dos siguientes:

•Animales que han vivido en libertad, que han podido moverse, que han vivido de día y han dormido de noche, que han comido lo que han ido encontrando en el campo -también de temporada y natural-, que no han sido tratados hormonalmente ni farmacológicamente, que han gozado de una vida sana y que se han sacrificado de una manera digna -aunque para muchos esto del “sacrificio digno” pueda parecer contradictorio, en la naturaleza pasa todos los días. Es parte de la cadena-.

•Animales que han vivido en cautiverio -por ejemplo, en el caso de los pollos, hasta más de 25 por metro cuadrado-, que no han podido moverse, que han sido torturados a vivir despiertos de día y de noche, que han sido engordados hasta la obesidad y tratados hormonalmente, alimentados con soja y maíz transgénicos, que han vivido una vida malsana e infeliz y que han sido sacrificados sin ningún tipo de remordimiento y en unascondiciones nefastas.

¿Qué comemos nosotros?

Sí, ya lo sé. A primera vista comemos tomates, pollos, lechugas, salchichas, huevos y manzanas. Pero no se queda ahí la cosa. Cuando comemos, comemos lo que comemos, a la vez que nos comemos todo lo que ellos han comido, o mejor dicho, todo lo que esos vegetales y animales han vivido -enfermedad e infelicidad incluídas-.

No es hablar por hablar. Hasta aquí todo ha quedado muy bonito, muy romántico. Pero detrás de estas afirmaciones hay ciencia que está demostrando desde hace tiempo los efectos nocivos que provocan, por ejemplo, los pesticidas de los vegetales en nuestro tracto digestivo y nuestra flora intestinal, así como los antibióticos con los que han sido tratados aquellos pollos, los cuales también acaban circulando por nuestro torrente sanguíneo.

Mucho se ha hablado de los riesgos que conlleva una dieta rica en carne, y consecuentemente se ha aconsejado que se reduzca considerablemente su consumo, hasta tal punto que muchos han optado por el veganismo. Incluso se han publicado libros como “El estudio de China” donde se relaciona directamente el consumo de carne con enfermedades cardiovasculares, diabetes o cáncer. Otra de las cosas que hay que
preguntarse es cómo sobreviven y viven decenas de años todas las especies carnívoras del planeta…

El problema de la carne no es en sí la carne. El hombre es omnívoro y puede comer carne, y si tenemos enzimas digestivas que metabolizan ciertas proteínas, será porque podemos comerlas -no como el gluten o la caseína, por ejemplo-. La enfermedad originada en nuestra carne proviene de la alimentación y el estilo de vida con los que han sido “fabricados” nuestros animales, nuestro alimento. Y esto, por supuesto, se transmite.

Curiosamente, la carne más tóxica y contaminada, con más mala fama y menos recomendada es la carne roja. Curiosamente también es esa carne, esos animales, tales como la ternera o el potro, los que son alimentados, como nosotros, a base de piensos de cereal, los cuales también en ellos promueven la aparición de nuestro gran enemigo, la inflamación, y con ella toda esa lista de enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer, etc., cuando estos animales están diseñados biológicamente para alimentarse básicamente de pasto. Y otra vez, curiosamente, los animales alimentados con pasto y no con cereales padecen muchas menos enfermedades, por lo que tampoco necesitan todos esos tratamientos farmacológicos diarios que se suministran en las… ¿granjas?… mejor dicho, fábricas de carne.

Lo más curioso de todo parece ser que tanto a nosotros como a los animales se nos alimenta con productos que nos hacen enfermar, y de ese modo la industria farmacéutica tiene clientela de por vida, por no hablar de la relación entre ese tipo de consumo -cereal y el sector energético y petrolífero.

Ecológico, orgánico, biológico,…

Es recomendable una dieta basada en vegetales, frutas y frutos secos, con cereales y legumbres. De todos modos, más allá del tipo de alimentación por el que cada uno opte, es momento de tomarse más en serio de dónde vienen los alimentos que consumimos, cómo se producen, cuándo se cultivan -¿se respetan los ciclos biológicos?-, etc.

La elección y la responsabilidad, como siempre, son sólo de cada uno.




3/11/11

¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANE COMER BIEN?


Simplemente porque el cuerpo enseguida te lo agradece... y tus allegados también. 
Al poco tiempo de incorporar alimentos más naturales, más vivos y más nutritivos comenzamos a percibir cambios impresionantes. 
Nos sentimos con más vitalidad, más energía. Trastornos con los que convivimos toda la vida comienzan a desaparecer y un día encontramos que ya no tenemos problemas digestivos que nuestros intestinos funcionan tipo relojito y sin estímulos extras, que la piel luce más luminosa, que no estamos tan ansiosos, emocionalmente nos encontramos más "estables" y nos volvemos "más buenos". 
Comer bien no es una creencia, una moda o una filosofía, es algo que se puede experimentar y comprobar... las respuestas vienen solas. Es aconsejable investigar sobre temas como, productos animales de cría industrial (feedllot, estabulación, piscicultura, pollos de jaula, lácteos y sus derivados...) para darnos cuenta de dónde provienen los alimentos que algunos médicos y nutricionistas recomiendan. El darse cuenta es transformador. 
Si yo sé de dónde sale lo que estoy ingiriendo probablemente no necesite demasiados argumentos para decidir si continúo consumiéndolo o no.
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