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13/3/14

"La comida ha sido manipulada para que sea adictiva y resulte difícil dejar de comer"



“Es posible que creamos que no tenemos tiempo ni energías (ni conocimientos) para cocinar a diario, pero aún no estamos preparados para que esa actividad desaparezca de nuestras vidas por completo”.

Bajo esta premisa, Michael Pollan (Nueva York, 1955). uno de los periodistas especializados en alimentación más relevantes del momento –autor de los superventas El detective en el supermercado y El dilema del omnívoro–, se propuso elaborar una breve, pero intensa, historia de la cocina. Una reivindicación de las bondades de esta actividad milenaria, que ahora ve la luz en España.

Cocinar: una historia natural de la transformación (Debate) es uno de los ensayos más interesantes en lo que respecta a la alimentación de los últimos años. Y el entusiasmo que recorre sus páginas, llenas de vivencias narradas en primera persona, se multiplica cuando es el propio Pollan el que cuenta sus descubrimientos al otro lado del teléfono, desde su casa en la bahía de San Francisco.

Para Pollan la cocina no es sólo una herramienta, ni un entretenimiento, es una actividad que define nuestra especie. “Cocinar nos hizo humanos”, asegura el escritor con rotundidad. “Si no hubiéramos descubierto nunca cómo cocinar, no nos reconoceríamos a nosotros mismos. Es cocinar lo que nos dio más energía que la que tenían otros animales, porque ellos gastan mucha energía para digerir los alimentos y nosotros no. Así que pudimos gastar esa energía en tener un cerebro más grande, que nos permitió desarrollar habilidades cognitivas que el resto de animales no tienen”.

La historia de la cocina camina paralela a la historia de la humanidad. Fue la cocina con fuego la que permitió que el Homo Sapiens se distinguiera del resto de primates, y la revolución neolítica no puede entenderse sin la invención de la cerámica y, con ella, la capacidad para cocer los alimentos que fue, según Pollan, condición indispensable para el desarrollo de la agricultura y el sedentarismo. La civilización, en definitiva, nació en torno a una olla.


Con el tiempo se fueron sucediendo todo tipo de innovaciones, fruto del ingenio humano: aprendimos a moler los cereales y hornear el pan, logramos controlar la fermentación para fabricar alcohol, queso y todo tipo de encurtidos, descubrimos que la salazón podía hacer que aguantaran más los alimentos…

Todos estos inventos tenían, según Pollan, algo en común: “Las formas de cocinar, las nuevas formas de procesar los alimentos que la humanidad fue descubriendo, hacían que la comida fuera más saludable”. Pero todo cambió con la llegada de la industrialización. “Entonces”, asegura Pollan, “empezamos a procesar la comida de forma que la hacía menos saludable. El punto de inflexión fue el refinado de la harina y nuestra habilidad para separar el almidón del germen y el salvado, las partes más nutritivas del grano, que se eliminan cuando se muele. Esto ocurrió en 1880. No veo que después haya habido ningún desarrollo que haya hecho que la comida sea más saludable. Ha habido desarrollos que la han hecho, quizás, más interesante. Si vas a un restaurante de cocina molecular verás nuevas técnicas, pero no es algo que haya contribuido a la salud y la felicidad de la humanidad”.

De cómo hemos abandonado los fogones

Pollan es muy crítico con el papel de la industria alimentaria que, asegura, es la principal responsable de que hayamos abandonado la cocina. Las grandes cadenas alimentarias, explica, nos han empujado a aceptar sin rechistar los productos procesados, bajo la promesa de que ahorraríamos tiempo y nos libraríamos de una actividad engorrosa que, gracias a ellos, nunca más tendríamos que realizar. Y es cierto, cada vez cocinamos menos, pero a cambio nuestra salud se resiente.

Para Pollan, no hay nada de altruista en los procederes de las grandes corporaciones: “La industria alimentaria nos ha animado a abandonar la cocina porque gana más dinero cuanto más procesada esté la comida.Es muy difícil ganar dinero vendiendo comida sin procesar; basta hablar con cualquier agricultor, es una manera muy difícil de ganarse la vida. Cuanto más proceses la comida, cuanto más baratos sean los ingredientes que utilices y más complejo sea el resultado, y más grasa, azúcar y sal añadas, más dinero ganas”.

Todo forma parte de una estrategia diseñada de forma explícita para que comamos más. “Puedes hablar de la libertad de elección y la responsabilidad individual”, admite Pollan, “pero no sabemos qué hay en esa comida. Hemos sido manipulados. Es muy difícil tener la libertad de elegir cuando no tenemos la información. La comida ha sido manipulada de formas muy inteligentes para que sea adictiva y sea muy difícil dejar de comer. La industria usa internamente términos como “adictividad” o blitz point [algo así como una “explosión de sabor”], snackability [cuán apetecible es algo para picotear]… Están trabajando de forma deliberada para crear comida que no podamos parar de comer. Y saben cómo hacerlo, básicamente mezclando sal, azúcar y grasa”.

Anuncio de Taco Bell promocionando la 'cuarta comida', entre la cena y el desayuno.

El arma secreta de la industria alimentaria
La industria cuenta, además, con un reclamo que muchos desconocemos: elumami (“sabroso” en japonés), uno de los cinco sabores básicos, junto el dulce, el ácido, el amargo y el salado. El sabor fue identificado por primera vez en 1908, gracias a los trabajos del profesor de la Universidad Imperial de TokioKikunae Ikeda, pero no ha sido hasta hace poco cuando ha sido reconocido por toda la comunidad científica.

Aunque hace unos años la gente no sabía que era el umami, y hasta hace unas décadas si siquiera sabíamos qué era exactamente ni teníamos un nombre para definirlo, muchas de las comidas procesadas están pensadas para resaltarlo”, asegura Pollan. “Cuando ves ingredientes como la proteína vegetal texturizada o el glutamato monosódico, son todo químicos que saben a umami. Los humanos estamos programados por la evolución para que nos guste, probablemente porque es el sabor de la carne. El bacón es el mejor ejemplo, tiene todos los compuestos químicos que configuran el umami”.

Pero el umami no es el único secreto de la industria alimentaria. El colmo de los colmos es que las empresas han logrado tal sofisticación que pueden vendernos alimentos tremendamente complejos, con una apariencia saludable que no es tal. Algo que les sirve para aprovecharse de nuestra cada vez mayor preocupación por la alimentación.

“Estamos muy concienciados de lo que comemos, pero comemos imágenes e ideas”, asegura Pollan, que pone como ejemplo las tretas de las panificadoras. “La idea de que el pan de grano entero, integral, es bueno está muy establecida”, explica. “A la gente le gusta la idea del pan integral, pero no quiere la realidad. La realidad es que es difícil de hornear, no se puede hacer a escala industrial, con máquinas y, además, es más amargo y menos dulce que el pan blanco. Así que hemos tratado de crear una versión del pan integral que es exactamente igual que el pan blanco: usamos la misma harina, le añadimos el grano entero por separado y utilizamos azúcar para ocultar el sabor de éste. El resultado es un producto procesado que no es para nada más saludable que el pan blanco. No tiene ningún sentido”.

El abandono de los fogones nos empuja a la soledad

Al margen de los evidentes efectos que la comida procesada tiene sobre nuestra salud, una de las consecuencias más preocupantes del abandono de la cocina reside en que hemos dejado de lado la capacidad que tenía ésta para unir a la familia y los amigos. Cada vez hacemos más comidas solos. Y es algo de lo que deberíamos preocuparnos.

“Cuando dejas que la industria cocine por ti, no va a cocinar para toda la familia, va a cocinar para cada miembro de la familia”, asegura Pollan. “Y cuando la comida se dirige a ti, como individuo, comes más que si la compartes. Quieren que seamos comensales individualistas, y que comamos en solitario. En realidad ni siquiera quieren que comamos, quieren que estemos picando todo el rato”.

El abandono de la cocina no sólo nos separa de nuestros allegados, además, asegura Pollan, nos aleja de la naturaleza, pues se pierde el vínculo que une irremediablemente a ésta con lo que nos llevamos a la boca.

“Un día le pregunté a mi hijo si pensaba que losnuggets de pollo sabían realmente a pollo”, explica Pollan. “Me dijo: '¿A qué te refieres? Saben a nuggets'. Le pregunté de dónde demonios creía que venían los nuggets y no lo sabía. La mayoría de los niños no tienen ni idea de la conexión existente entre lo que comen y el mundo natural, no saben que comemos plantas y animales y algunos hongos. Es muy fácil olvidar esto”.

“Una de las cosas bonitas de cocinar, responsable de la satisfacción que provoca, es que te conecta con el origen de la comida y con la naturaleza”, afirma el escritor. “Cuando cocinas pones tus manos sobre cosas reales, sobre plantas y animales, y recuerdas que el pollo era un pájaro. Y creo que es algo muy importante. Si nos olvidamos de esto, no cuidaremos como debemos de nuestros pollos, no cuidaremos el suelo, no cuidaremos nuestra tierra… Y no podemos sobrevivir si la tierra no está sana. Al dejar que las corporaciones cocinen por nosotros, ya sea comida rápida, procesada o paella congelada, lo que hacemos es abandonar una importantísima conexión con el mundo. La cocina es la mejor forma que conozco de restablecer esa conexión”.

Pese al discurso aparentemente catastrofista de Pollan, sus conclusiones finales son optimistas: “En los últimos 30 años hemos dejado que la industria cocine por nosotros y creo que ha llegado el momento de darse cuenta de que ha sido un experimento fallido. Hay muchas razones para rechazar la comida procesada, industrial. El problema es que muchos de nosotros dependemos de ella. Algunos porque no sabemos cómo cocinar, otros porque no tenemos tiempo. Pero siempre encontramos tiempo para las cosas que consideramos importantes. Lo que quiero explicar en este libro es que merece la pena emplear algo de tiempo todos los días en hacer la comida. Es satisfactorio, y tiene un enorme valor para ti y para tu familia en términos de placer y salud. Debería ser una prioridad”.

Fuente
MICHAEL POLLAN, EL DIVULGADOR GASTRONÓMICO Nº1



25/1/13

ABUSOS Y CARENCIAS DE LA ALIMENTACIÓN ACTUAL



En la actualidad nos encontramos ante un gran distanciamiento de la alimentación tradicional o la saludable dieta llamada mediterránea. Nos encontramos ante una alimentación caracterizada por excesos en macronutrientes y por importantísimas carencias de micronutrientes esenciales para la Vida.

LA GRAN PARADOJA: “Desnutrición y déficit de micronutrientes en la cultura de la abundancia y la sobrealimentación de los países del primer mundo, y como resultado las llamadas enfermedades de la civilización”

Hoy comemos mucho y de escaso valor nutritivo. Con lo que se produce una sobrecarga metabólica que provoca el llamado síndrome metabólico, que altera sistemas y funciones orgánicos como el cardiovascular o el metabolismo glúcido-lipídico. Una sobrecarga a nuestra fisiología global, que altera entre otros, el proceso digestivo, afectando a la mucosa, a la flora saprofita, produciendo un agotamiento de glándulas e insuficiencia de enzimas digestivas, digestión insuficiente de ciertos alimentos, provocando malabsorción de nutrientes a nivel intestinal... Una intoxicación de nuestro organismo, y desequilibrios bioquímicos de funciones orgánicas como del sistema nervioso, la sexualidad o la depuración, del metabolismo, llevando a estados prepatológicos por las carencias de nutrientes.

EXCESOS DE LA ALIMENTACIÓN ACTUAL:

Alimentos desnaturalizados, desvitalizados: alimentos procedentes de una industria agroalimentaria cuyo único objetivo son los beneficios económicos y el incremento del rendimiento por hectárea. Son alimentos refinados, conservados, procesados, cargados de toxinas por la utilización masiva de abonos, pesticidas, tóxicos veterinarios como antibióticos y hormonas, aditivos como conservantes o colorantes…

Alimentos manipulados genéticamente.

Alimentos precocinados.
Exceso de alimentos hipercalóricos pero pobres en nutrientes vitales.
Consumo excesivo de alimentos de origen animal: Carnes, lácteos, pescados y derivados.

Produciendo procesos como la acidificación del medio interno, proliferaciòn de la flora de putrefacción, suponen una sobrecarga de grasas saturadas, con sus consecuencias a nivel cardiovascular, además de estar cargados de toxinas como hormonas, antibióticos, metales pesados como mercurio de la contaminación del mar...

Exceso de tóxicos debido al uso masivo como ya hemos citado de agroquímicos, de aditivos alimentarios y tóxicos veterinarios, como plaguicidas, conservantes, colorantes, hormonas…

Otro factor importante que aumenta la carga tóxica de los alimentos es la contaminación medioambiental, por la industria química.

Exceso de café, alcohol y la sal.

Hidratos de carbono simples: Cereales y azúcares refinados, manipulados industrialmente, procesados, desprovistos de sus nutrientes esenciales y desvitalizados.

Los encontramos en el arroz, pastas, pan blancos, pastelería, azúcar blanco, zumos y refrescos industriales…

Grasas saturadas de origen animal: carnes, lácteos, quesos, mantequilla y derivados. Y ácidos grasos trans de aceites vegetales industriales, manipulados, obtenidos por calor, con disolventes... muy utilizados por la industria en la manufactura de alimentos como precocinados y bollería y por la hostelería. Grasas como las margarinas en las que encontramos el peligro de saturado y trans.

CARENCIAS DE LA ALIMENTACIÓN ACTUAL:

Alimentos vivos, frescos, con nutrientes esenciales, biológicamente activos, procedentes de agricultura biológica. Consumo insuficiente de alimentos de origen vegetal, frescos y crudos, verduras, hortalizas y frutas frescos, de la estación. Cereales integrales, con su germen, completos en todos los nutrientes esenciales. Endulzantes sanos: miel y azúcar integral. Grasas de origen vegetal, aceites 1ª presión en frío y semillas oleaginosas, como los frutos secos: nuez, pipa de girasol, calabaza, aceitunas y el aguacate.

Carencias de fitoquímicos, cuyo papel es esencial ya que intervienen en todos los procesos bioquímicos metabólicos, de todos los sistemas orgánicos, con importante función en la obtención de energía, desintoxicación, balance antioxidante-radicalar, función anticancerígena…

PLAN DE ACTUACIÓN GLOBAL:

En la actualidad la vanguardia en las investigaciones científico-médicas confirman la gran evidencia: Una alimentación consciente y saludable es esencial para mantener y restaurar la salud.

La piedra angular de la terapéutica naturista es la corrección dietética.


30/11/11

EL FUTURO DE LA COMIDA



Se está produciendo una revolución en los campos de cultivo que llega hasta la mesa de los consumidores, una revolución que está transformando la naturaleza de la comida que consumimos. El documental ofrece una investigación en profundidad de lo que hay detrás de las comidas genéticamente modificadas y que han llenado las estanterías de las tiendas de comida en Estados Unidos durante la pasada década.

El documental recorre desde las praderas de Saskatchewan, en Canadá, a los campos de Oaxaca en Méjico para dar voz a los granjeros cuyas vidas y la manera de ganarse el sustento se han visto alterados por la llegada de las nuevas tecnologías. Las implicaciones de salud, las políticas gubernamentales y la globalización son algunas de las razones por las que mucha gente está alarmada por la introducción de las cosechas alteradas genéticamente.

Filmado en Estados Unidos, Canadá y México, “El futuro de la comida” examina la compleja red de fuerzas políticas y de mercado que hacen que estén cambiando lo que comemos, y también investiga lo que las corporaciones multinacionales hacen para controlar el sistema de comida en el mundo. Por otra parte, el documental también explora alternativas como la agricultura industrial a gran escala y la agricultura sostenible como soluciones reales a la crisis granjera de hoy.



El Futuro de la Comida




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